La residencia de Bad Bunny ha puesto el foco gastronómico en Chueca: el artista ha elegido al cocinero argentino Aldo Sebastianelli, alma de Gustoo, para encargarse de una cena privada asociada a su residencia en el Riyadh Air Metropolitano. La buena noticia para el resto de mortales es que su cocina puede probarse en el propio restaurante del barrio por un ticket medio que ronda los 20 euros si eliges bien.
Aldo Sebastianelli es un cocinero argentino afincado en Madrid que, junto a su socio Jorge Calen, ha convertido Gustoo en una de las direcciones más comentadas de Chueca gracias a una cocina creativa, personal y sin rigidez de alta cocina clásica. Su estilo mezcla técnica y desenfado con platos pensados para compartir, guiños a América Latina, juegos con salsas y brasas, y una carta que cambia con frecuencia, más propia de un bistró contemporáneo que de un restaurante encorsetado.
La cena privada: seis platos creativos y un bikini trufado
Seún ha adelantado El País, el cocinero de Gustoo servirá un menú cerrado de seis platos creativos para la cena privada del puertorriqueño, seguido de una recena rematada con un bikini trufado, uno de los bocados-fetiche del chef. No se ha publicado el menú completo, pero sí se detalla que se tratará de una selección de hits de su cocina: pequeños bocados con mucho sabor, juegos de texturas y ese punto de confort food elevada que encaja perfecto después de dos horas de escenario.
La idea es tomar algo que funcione para un artista y su entorno tras el concierto: platos pensados para comer con relativa facilidad, ritmo ágil de servicio y un equilibrio entre cocina viajera, guiños al producto español y algún capricho goloso.
Gustoo: un restaurante de Mercado
Gustoo está en el Mercado de San Antón (Chueca), es un local pequeño, con pocas mesas, barra vista y que no hace reservas, donde la experiencia se construye a base de raciones y medias raciones para compartir, más que de entrante-principal-postre al uso.
Comer por menos de 20 euros es factible si ajustas el pedido: compartiendo uno o dos platos entre dos, eligiendo propuestas más sencillas de la carta (croquetas, algún plato de verduras trabajadas, pastas o arroces del día) y limitando la bebida, un comensal puede salir satisfecho sin pasar esa barrera psicológica.