A principios de mes, vecinos y vecinas de distintos barrios de Madrid experimentaron un cambio en el sabor e incluso en el olor del agua que salía de sus grifos: una circunstancia que se explicaba por «una maniobra» realizada en una potabilizadora del Canal de Isabel II. A raíz del incidente, una experta ha despejado dudas en La Tarde de Cope sobre el agua de Madrid, como qué la hace tan característica… o por qué no es la mejor elección en todos los casos.
Carmen Garrobo, la experta consultada, es –entre otras muchas cosas– fundadora de la Escuela Española de Cata y experta en análisis sensorial de productos agroalimentarios como vinos, cavas, cervezas, Jerez, destilados y, por supuesto, agua.
Con ese bagaje a sus espaldas es capaz de distinguir, en apenas unos segundos, un agua de grifo de otra mineral, a veces incluso sin necesidad de llegar a probarla: solo con olerla.
En el caso del agua de Madrid, Garrobo destaca su idoneidad para beberla por su sabor suave, calificándola «de las mejores». Sin embargo, si pensásemos en el agua como en un vino, no sería tan buen maridaje para las comidas: al tratarse de un agua blanda [que tiene pocos minerales], señala la experta, «no limpia el paladar», especialmente si se trata de alimentos con grasa.
¿Es tan buena el agua de Madrid como creemos los madrileños?
A pesar de que entre los madrileños y madrileñas la defensa a ultranza del agua de grifo es lo común, hay expertos que ponen en duda la calidad que le atribuye su fama. Uno de ellos fue Faustino Muñoz, uno de los pocos sumilleres de , en una cata de agua a ciegas de agua de grifo organizada por El Comidista allá por el año 2018.
En ella, se le dio a probar el agua de grifo de varias ciudades españolas y otorgarles una nota: Sevilla, Mallorca, Valencia, Zaragoza, Bilbao, Málaga, Madrid, Murcia, Barcelona y Las Palmas de Gran Canaria.
Su veredicto sobre el agua capitalina fue implacable: «Aquí tenemos un agua con bastantes partículas en suspensión y un agua que me vuelve a dar ese olor a piscina. No a piscina concretamente, a estanque. Incluso a veces como olor a rana. ¿Habéis tenido alguna rana en la mano? Pero sin embargo en boca… Estanque. Un cero».