La primera piedra del Palacio Real de Aranjuez se colocó en el siglo XVI bajo mandato del monarca Felipe II. Terminó de construirse durante el reinado de Carlos III, quien disfrutó de su fastuoso interior así como de las 11,23 hectáreas de jardines de gran riqueza botánica que rodeaban (y rodean) el complejo. En los llamados Jardines del Príncipe, se ubica un secreto neoclásico: la Casa del Labrador, un palacete ubicado a media hora de caminata desde el propio palacio y reconocido el lugar de recreo a la altura de los caprichos de Carlos IV. Ahora, tras cuatro años de renovación, vuelve a abrir sus puertas al público.
La historia de la casita rústica que se convirtió en palacete real
La Casa del Labrador fue construida en 1794 como una simple casa rústica. Cuatro años después, Carlos IV vio en esta humilde edificación un lugar de recreo, una «casa de campo» donde su corte y él pasarían las primaveras más ociosas. Para ello, encargó el proyecto de remodelación a Juan de Villanueva (arquitecto de, entre otros edificios, el Museo del Prado) e Isidro Velázquez y se incluyeron mejoras y detalles ornamentales (como el escudo real de la fachada que hace referencia a su reinado). De casita a palacete neoclásico; de lugar de trabajo a residencia primaveral del rey.
La edificación se encuentra en el Jardín del Príncipe, rodeada por parterres y parques como el jardín del hexágono, la isla americana y los jardines del laberinto. Sin embargo, esta idílica ubicación también supuso, con el paso de los años, problemas estructurales (debidos, principalmente, a la cercanía del río Tajo y la naturaleza inestable del terreno). Por lo que durante cuatro años se sometió a una profunda renovación (por ejemplo, se instalaron 536 micropilotes para reforzar la cimentación, entre otras muchas acciones). Ahora, vuelve a abrir sus puertas al público.
Una visita a la Casa del Labrador

Uno de los aspectos más llamativos de la Casa del Labrador, es el compendio de bustos de su fachada (más de una veintena de emperadores romanos). De planta rectangular, el edificio se dispone en torno a un patio de honor.
En su interior trabajaron grandes artesanos y artistas del momento: como el ebanista José López, el dorador José Cherou, el pintor Luis Japelli o el broncista Domingo de Urquiza. A ellos se sumaron artistas venidos desde París, como Jean-Démosthène Dugourc.

Carlos IV se encargó, personalmente, de la supervisión de la decoración de cada estancia en las que podemos ver materiales como mármoles, estucos, sedas, dorados… y la Gran Escalera, que conduce a la planta noble. En ella, dos de las curiosidades más llamativas del palacete: la famosa mesa de billar del ebanista Pablo Palencia o la Galería de las Estatuas.
Esta decoración interior es un batiburrillo delicioso de estilos (como la fantasía neoclásica del Gabinete de Platino o el barroco de la Sala de Compañía). Pero sin duda, una de las estancias más alabadas es el Gran Salón de Baile, coronado por una alegoría al «poder de la Monarquía española en las cuatro partes del mundo», obra de Mariano Salvador Maella.

Horarios de visita y entradas
🕢 La Casa del Labrador solo abre de viernes a domingos en el siguiente horario:
- Horario de invierno (desde octubre a marzo): de 11:00 a 18:00h.
- Horario de verano (abril a septiembre): de 11:00 a 19:00h.
❌ El espacio permanecerá cerrado el 24, 25 y 31 de diciembre.
🎟️ La visita guiada (de 50 minutos, aproximadamente) se adquiere por Internet en este enlace con una tarifa única de 5€ por persona. En el edificio, existe un dispensador de entradas de pago exclusivo con tarjeta.