Fratelli Figurato, un vuelo directo a Nápoles desde Chamberí

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Las mejores pizzas en Madrid son de estilo napolitano y las de Fratelli Figurato también deben estar en esa lista.

Comenzar este artículo diciendo que si amas tu trabajo nunca tendrás que trabajar, puede sonarte a tópico. Pero para nosotros esto se hace aún más latente cuando se trata de gastronomía, porque está comprobado que cuando cocinas con pasión, el resultado sabe mejor.

Riccardo y Vittorio son dos hermanos napolitanos encargados de demostrárnoslo. Ambos decidieron abandonar sus carreras en el mundo del marketing para dedicarse por completo al plato estrella de su gastronomía: la pizza. El resultado de correr ese riesgo es Fratelli Figurato (C/ Alonso Cano, 37) y ya te adelantamos que de riesgo nada.

Como cualquier joya gastronómica, la pizza es un plato sencillo —y si no, que se lo digan a la tortilla de patatas— con mucha historia. Tanta que forma parte de las ruinas de la ciudad de Pompeya y aparece mencionada en el único libro de cocina romana que data del siglo I d.C, De re coquinaria, de Marcus Gavius Apicius. Aunque lo hace en su versión rudimentaria, como “un pan plano y aliñado”.

Para saber lo bien que le han sentado los siglos a este pan plano no hay que viajar hasta Nápoles. O sí, pero no puedes ir cada vez que te apetezca. Chamberí te queda más cerca y este dúo de hermanos se ha encargado de hacer bien los deberes antes de presentarse al examen. Después de viajar probando cientos de pizzas, Riccardo decidió ponerse manos a la masa (literalmente) mientras Vittorio se encargaba de dar a conocer el restaurante.

La masa de sus pizzas se elabora con muy poca levadura y se deja fermentar durante un día y medio para obtener un resultado ligero y muy esponjoso. La mezcla se trabaja muy poco para no romper el aire que se produce con la unión de los ingredientes y así lograr lo que ellos llaman alvéolos (unas burbujas de aire formadas después de mezclar los ingredientes). Utilizan tres tipos de harinas en la elaboración de sus masas: la integral, la de 5 cereales y la normal. Para cocinarlas emplean la versión moderna de los hornos artesanales de Nápoles y solo las introducen con los ingredientes base (tomate, mozzarella o crema de calabaza, por ejemplo), ya que el resto de ingredientes de cada variante se añade justo al sacarlas del horno para potenciar el sabor del producto final. ¡Y vaya que si lo potencia!

En la carta encontrarás doce pizzas divididas en tres categorías, donde los sabores clásicos y la innovación conviven en perfecta armonía. Se dividen en Tradicional, Frescas y No Convencionales. Doce opciones que te convertirán en la persona más indecisa, pero también en la más generosa, porque la mejor decisión será que elijas compartir con tus acompañantes para poder saborearlas todas.

Nosotros probamos la margarita, con la base de harina clásica, salsa de tomate natural, parmesano rallado, mozzarella y albahaca añadida al salir del horno. Con el primer bocado nos reafirmamos en eso de que “los clásicos nunca fallan”. La otra opción fue la de calabaza y panceta con base de 5 cereales, crema de calabaza asada, provola (mozzarella ahumada), panceta crujiente y trocitos de nueces y hojas de albahaca al sacarla del horno. La combinación es la h*****, pero no vamos a ponernos vulgares. Habríamos probado más opciones, porque estaban TAN RICAS (sí, necesitamos las mayúsculas para decirlo), que nos quedamos con ganas de más, pero los taralli —la versión italiana de nuestros picos de pan— y el embutido que nos sirvieron a modo de antipasti, dejó menos hueco para hacerlo.

Antes de servir las pizzas, se unió a la mesa un tercer acompañante que no conocíamos: Lacryma Crhisti. No, no es un santo, es la denominación de origen de un tinto napolitano producido en las laderas del Monte Vesubio. Después de unos sorbos, ¡ese desconocido ya era un amigo!

El punto y a parte lo puso un increíble cannoli crujiente traído directamente desde Italia, como el resto de sus postres. Decimos punto y a parte porque es imposible no volver a saborear Nápoles en este rincón de Chamberí.

 

 

 

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