Esta iglesia protestante parece esconderse a propósito del bullicio de una de las arterias principales de la capital. Y esa no es la única singularidad que rodea a la Friedenskirche: desde la historia detrás de su construcción y su peculiaridad arquitectónica hasta la enorme (y prácticamente continua) oferta cultural que se puede encontrar en su interior, la iglesia es una joya oculta a simple vista en pleno centro de Madrid.
Los orígenes de la Friedenskirche
La Iglesia evangélica luterana alemana se estableció en España en 1888, a pesar de ser un culto que permanecería casi en la clandestinidad hasta un siglo más tarde. Sin embargo, más allá de la necesidad espiritual de la comunidad alemana en Madrid, la construcción de la Friedenskirche tuvo una importante motivación política detrás.
Todo comenzó cuando el pastor Fritz Fliedner solicitó un préstamo para levantar la iglesia, una petición que acabó en manos del mismísimo Káiser Guillermo II. El emperador alemán, cuyo objetivo era reforzar la identidad germana en el extranjero a través de la religión, no solo financió el proyecto, sino que se implicó personalmente: llegó incluso a visitar las obras en Madrid.
La Friedenskirche se inauguró en 1909 y su ubicación fue crucial para su integración en el tejido madrileño. El gobierno alemán cedió los jardines de su embajada, un palacete ubicado en el paseo de la Castellana, número 4, hoy ya desaparecido.
Una iglesia neorrománica en plena eclosión neomudéjar
Como en aquel momento el culto luterano todavía requería cierta discreción, se optó por construir la Friedenskirche bajo el modelo de “iglesia de patio” o iglesia oculta. Por eso, al caminar hoy por la Castellana, resulta casi imposible percibir la existencia de una iglesia; lo que se ve es la casa parroquial, un edificio sobrio y de apariencia civil.
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En su interior, la Friedenskirche fusiona elementos del neorrománico —arcos de medio punto y piedra vista— con detalles del estilo favorito del emperador alemán para los lugares sagrados, el neobizantino.
Esta elección estética llama la atención porque rompe con el estilo que se llevaba en Madrid en la época, el neomudéjar. Arquitectos como Emilio Rodríguez Ayuso y Lorenzo Álvarez Capra —autores de la antigua plaza de toros de Goya (donde hoy está Movistar Arena) o las Escuelas Aguirre (actual Casa Árabe)— volvieron la mirada al pasado medieval hispano. La arquitectura neomudéjar llenó la ciudad de ladrillo visto en patrones geométricos y arcos de herradura, algo que hoy se puede reconocer fácilmente en edificios como Matadero, Las Ventas o la Fábrica de Cervezas El Águila.
De iglesia protestante a espectáculos inmersivos y un multitudinario mercadillo navideño
Cada año, a finales de noviembre, el patio interior de la Friedenskirche nos transporta a Alemania con el Mercado de Navidad, uno de sus eventos más emblemáticos. Casetas de madera se llenan de artesanía y adornos navideños tradicionales recreando un rincón del país germano con su famoso Glühwein (vino especiado caliente) y, por supuesto, salchichas a la parrilla y pan de jengibre.
Además, desde hace un par de años, la iglesia acoge con frecuencia espectáculos de videomapping inmersivo, como Genesis o Enlightenment, en los que proyecciones y animaciones 3D cubren las paredes y las bóvedas del templo, en una invitación a descubrir su patrimonio arquitectónico bajo una nueva luz.
El último de estos espectáculos es FLOW: un recorrido en siete etapas por el curso de un río, a través de manantiales, bosques y rápidos hasta su desembocadura. La propuesta fusiona la música sinfónica del compositor Bedřich Smetana inspirada en el Moldava, el río que atraviesa Praga, con las proyecciones lumínicas del videomapping inmersivo y un toque de música electrónica.

