El Museo Nacional del Prado es ampliamente conocido por su colección de pinturas, pero en su afán constante por renovarse y acercarse al público con propuestas novedosas y sorprendentes –de lo que dan cuenta iniciativas como ‘El Prado de Noche‘, para visitas nocturnas– la pinacoteca acoge, desde esta misma semana, su primera muestra dedicada a la fotografía.
Para llegar hasta el resultado que se puede ver en esta nueva exposición, bautizada como El Prado multiplicado: la fotografía como memoria compartida, el museo se ha embarcado en un apasionante viaje al fondo de sus propios archivos: una tarea ardua, teniendo en cuenta que la selección final de 44 instantáneas pertenece a «una colección de más de 10.000 fotografías de gran relevancia patrimonial».
La muestra se puede visitar hasta el próximo 5 de abril de 2026 en la Sala 60 del Edificio Villanueva (paseo del Prado, s/n), un espacio que el museo destina desde el año 2009 a la presentación de proyectos expositivos de pequeño tamaño enfocados en las colecciones del siglo XIX.
Un paseo fotográfico por los fondos ocultos del Prado

La exposición es, además, una forma de descubrir una parte de la historia del propio museo que ha permanecido oculta al gran público hasta ahora. Esto se concreta desde el inicio mismo de la muestra: el recorrido arranca con una de las primeras fotografías que se expusieron en el museo, en 1899.
La exposición pone también en valor tanto a compañías como a fotógrafos de renombre, como Juan Laurent, José Lacoste, Braun, Moreno, Anderson o Hanfstaengl, que «desempeñaron un papel esencial en la difusión de la imagen del museo y de obras maestras como La rendición de Breda de Velázquez», explican desde el museo.
Algunas de estas fotografías fueron realizadas incluso antes de que las obras ingresaran en el Prado. Pero una vez en la pinacoteca, las imágenes tomadas posteriormente aportan información valiosa que va más allá del ámbito artístico.
El Prado, antes y ahora

El público que asista a esta exposición podrá conocer El Prado del siglo pasado y cómo ha cambiado a lo largo del tiempo, desde sus grandes salas y espacios –como la Galería Central, la sala dedicada a Murillo o la galería de escultura– hasta detalles más aparentemente banales pero igualmente reveladores.
Entre ellos, la pinacoteca menciona, por ejemplo, «el abigarramiento de las pinturas en los muros, el mobiliario y la calefacción de la época o la aparición fugaz de una persona, en un tiempo en el que la fotografía registraba los interiores del Prado vacíos».