La Taberna Garibaldi ha vuelto a levantar la persiana en Lavapiés, esta vez en el número 23 de la calle Miguel Servet –a unos diez minutos andando del anterior. La apertura después del cierre de su primera etapa en la calle Ave María, donde funcionó durante algo más de un año. Esta mudanza no solo es una cuestión de ampliación de metros cuadrados; sino que supone también una apuesta por consolidar un espacio que combina gastronomía, cultura y posicionamiento ideológico en el corazón de uno de los barrios más combativos y diversos de Madrid.
Impulsado por Pablo Iglesias, exvicepresidente del Gobierno, junto al poeta Sebastián Fiorilli y el cantautor Carlos Ávila, el proyecto ha logrado financiar su traslado gracias a una campaña de micromecenazgo que recaudó más de 140.000 euros. La cifra fue posible gracias a las aportaciones de más de 3.100 personas a través de la plataforma Goteo.
Aunque la reapertura oficial tuvo lugar el pasado 15 de agosto —coincidiendo con las Fiestas de la Paloma—, está prevista una inauguración “en condiciones” para el mes de septiembre, cuando también se retomará la programación de actividades culturales.
Carta con guiños ideológicos y ambiente tabernario
La propuesta gastronómica de Garibaldi se mantiene fiel a su estilo original: cocina informal con nombres que funcionan como referencias políticas y culturales. Platos como el “Salmorejo Partisano”, la carrillera “Brigada Garibaldi” o las “Enchiladas Viva Zapata” son algunas de las opciones que ya figuraban en la carta del antiguo local y que se mantendrán en esta nueva etapa.
El ambiente de la taberna también conserva parte de su estética anterior. En el interior se han reutilizado elementos simbólicos como los azulejos azules con el nombre del establecimiento, y una lámina protagonizada por Pepa Flores pidiendo el voto para el Partido Comunista, detalle que ya decoraba el anterior espacio.
El local, que anteriormente albergaba un restaurante de comida india —el Bombay Blue—, ha sido reformado para incluir una terraza exterior y un futbolín. Además, se ha instalado un gran tablón en la entrada con tres secciones: la carta, la agenda cultural y un apartado titulado “No te lo pierdas”.
Más que un bar

La Taberna Garibaldi no aspira ser un bar de barrio. O no solo un bar de barrio. Desde sus inicios, ha funcionado como foro cultural, programando desde presentaciones de libros hasta conciertos, debates o recitales. Ese mismo espíritu continuará en el nuevo espacio, que al ser más amplio permitirá acoger a una mayor cantidad de público . La idea, según Iglesias, es seguir ofreciendo “un lugar donde poder tomar algo con los tuyos, pero también pensar, discutir y celebrar”.
En su primera etapa, el local acumuló más de 600 reseñas en Google Maps y tuvo un impacto mediático que trascendía lo gastronómico. Hubo momentos de tensión —como la multa del Ayuntamiento por exceso de aforo o las pintadas en la fachada por el nombre de un cóctel—, pero también una clientela compuesta por militantes, vecinos y curiosos que cruzaban Lavapiés para comprobar de primera mano cómo era “el bar de Iglesias”.