Pedraza, en la provincia de Segovia y a apenas hora y media en coche desde Madrid, es de esos lugares que en invierno parecen el escenario de una película de Navidad dirigida por Nancy Meyers.
Situada sobre un cerro a más de 1.000 metros de altitud, la villa asoma entre montes y dehesas y, cuando llegan los frentes fríos, la nieve es una opción más que posible, tanto como que la AEMET prevé que caían algunos copos la semana que viene.
La vida en Pedraza se concentra en torno a la Plaza Mayor, irregular y porticada, flanqueada por casas de piedra con escudos nobiliarios y balcones de madera, muchas de ellas reconvertidas en mesones donde mandan el cordero asado al horno de leña y las sopas castellanas. La nieve, cuando cuaja, redibuja ese espacio en el que los soportales se convierten en refugio, las fachadas se vuelven aún más fotogénicas y cada pisada sobre el adoquín suena amortiguada.
Desde allí parte la Calle Mayor, un eje corto, pero intenso que conduce hasta el gran Castillo de Pedraza, fortaleza del siglo XIII remodelada por la familia Velasco y restaurada en el siglo XX, hoy convertida en espacio cultural y mirador privilegiado sobre el paisaje blanco de la campiña segoviana.
Escapada invernal a Pedraza

Sin duda el hechizo invernal de Pedraza está en sus edificios medievales como la antigua cárcel junto a la puerta de entrada, los miradores que se asoman a los valles del Vadillo, las chimeneas que anuncian braseros encendidos en el interior de bares y alojamientos rurales, las iglesias de piedra. En días de nieve, la villa se vuelve aún más recogida y silenciosa; las murallas, la Torre de la Hontanilla y los restos defensivos recuerdan su pasado inexpugnable, mientras los visitantes pasean con bufanda y gorro, cámara en mano, enlazando paseo, comida y café largo a resguardo del frío.
Su patrimonio perfectamente conservado y declarado Conjunto Histórico y considerado uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León, se suma la alta probabilidad de ver nieve en diciembre y enero gracias a su altitud y ubicación entre montañas. Para una escapa corta de fin de semana lo ideal es salir temprano de Madrid, llegar en poco más de hora y media, pasear por un sus calles, comer cordero al calor del horno y regresar al anochecer con la sensación de haber pasado el día en un entorno único.