La explanada que hoy conforma la plaza Mayor ha experimentado transformaciones radicales a lo largo de los siglos. Lejos de su imagen actual, el espacio comenzó siendo una zona extramuros conocida como la laguna de Luján. Cuando el agua se secó, el tránsito continuo de personas fue dando forma a un área que adoptó el nombre de plaza del Arrabal. Ya en el siglo XIII, el lugar comenzó a utilizarse de forma regular como mercado, marcando el inicio de su extensa historia de usos dispares.
Autos de fe y ejecuciones públicas
Durante siglos, el recinto fue el escenario elegido por la Inquisición para celebrar los autos de fe. Estas ceremonias, en las que se juzgaba a los condenados y se proclamaban las sentencias, duraban jornadas enteras. La expectación vecinal era tal que los habitantes acampaban en la plaza en los días previos para asegurarse un sitio con buena visibilidad, tratando el evento de forma similar a un gran espectáculo público.
En el siglo XVII, el espacio acogió ejecuciones públicas con una marcada división de clases. Los nobles eran degollados frente a la Real Casa de la Panadería, mientras que el resto de los condenados sufría el garrote vil con la Casa de la Carnicería como telón de fondo. Uno de los ajusticiamientos más recordados fue el de Rodrigo Calderón en 1621. El reo mantuvo una compostura tan estoica durante todo el proceso que su actitud quedó inmortalizada en el refranero español con la expresión «tener más orgullo que Rodrigo ante la horca».
De forma paralela, el recinto se cerraba ocasionalmente y se adaptaba con gradas de madera para celebrar corridas de toros. Estas transformaciones temporales se llevaban a cabo en ocasiones especiales, como la boda de Fernando VII en 1803, e incluso se extendieron hasta 1970 con una corrida medieval conmemorativa a caballo vinculada al Círculo de Bellas Artes.
De aparcamiento a escenario contemporáneo
En el siglo XIX, la plaza presentó una fisionomía muy distinta a la actual: estuvo completamente ajardinada y repleta de árboles y bancos, funcionando como un auténtico pulmón en pleno centro. Sin embargo, el rápido crecimiento del parque automovilístico décadas después trajo consigo un cambio drástico. Entre 1967 y 1969, mientras la ciudad construía nuevos aparcamientos subterráneos, la explanada empedrada se destinó a parking público en superficie.
Más allá del consolidado mercado navideño, las intervenciones de las últimas décadas han continuado alterando su aspecto durante periodos breves. En 2017, como parte de los actos conmemorativos del IV Centenario de la plaza, un artista madrileño instaló un círculo de césped natural de 70 metros de diámetro durante un fin de semana. Dos años más tarde, se colocó césped artificial para habilitar un campo de fútbol con motivo de la final de la Champions League disputada en el Metropolitano.
Ese mismo 2019, la explanada alojó una instalación artística de vídeo mapping de 360 grados que proyectó la historia del lugar sobre sus cuatro fachadas. El evento llegó a congregar a 24.000 asistentes, sirviendo de recordatorio visual de todos los trabajos y funciones temporales que ha acumulado este espacio desde sus orígenes.