¿Es un restaurante? ¿O una coctelería? ¿Eso de ahí son vinilos? No basta con pasar una vez por delante de Marciano (calle Jorge Juan, 71, barrio de Salamanca) para entender lo que ven tus ojos. Ni siquiera es suficiente con una sola visita. Dependiendo de la hora del día, te puedes encontrar con un ambiente u otro, saboreando un plato de autor o moviendo la cabeza al ritmo de la música. Es raro, excepcional, inclasificable. Es marciano.
Un chef, una bartender y libre albedrío

Víctor Camargo, propietario y chef, quiso hacer lo que le dio la gana, y lo hizo en un discreto local del barrio de Salamanca. Una ubicación peculiar para un proyecto más peculiar todavía. Y se llevó con él todo lo aprendido en la cocina familiar, el Guru Lab (laboratorio de innovación gastronómica y referencia top) y sus viajes por el mundo (por la cantidad de guiños a otros países en el menú, deducimos que su maleta de mano tiene que estar hecha trizas).
También forma parte de la conquista marciana Mel Da Conceição, drink designer, o sea, la capitana de lo líquido. Dirige la barra con la determinación y la genialidad de quien ha estado experimentando con cócteles desde hace mucho tiempo (antes de aterrizar aquí, estuvo en Salmón Guru). Como Camargo, ella hace lo que le da la gana. Y el resultado, en plato y en vaso, es espectacular.
Platos de autor a 10 euros y cócteles en botella de medio litro

Si te pones a contar nacionalidades en el menú, te pierdes antes de llegar a los principales. Los «platillos» de Marciano son de nombre largo y precio asequible. Es cierto que varias opciones cuestan solo 10 euros, y las demás no se desvían demasiado de esa cifra.
Sabrosos y originales son el saam jacobo de corvina rellena de queso Arzúa Ulloa gallego fundido con salsa anticuchera y cebolla roja (10€), la kofta de ternera a la robata japonesa con menta fresca y harisa de pimientos del piquillo (13€) y las costillas de cerdo duroc asadas a baja temperatura y terminadas a la brasa laqueadas en mojo cubano con puré de patatas (21€). Se explican por sí solos, aunque no hace falta entenderlos (ni aprenderse el nombre) para babear por ellos.
¿Y de beber? Un cóctel embotellado por 40€. En cubitera de hielo, gracias. O a 12 euros la copa. Earl grey, melocotón y miel. O lichi, cardamomo y guayaba. O kiwi, romero y flor de saúco. Date tiempo para elegir o pide consejo para maridar tu bebida con lo que vayas a comer.
Sesiones de DJ y vinilos de todo tipo

¿Y qué suena en Marciano? A veces, un hilo musical alternativo y heterogéneo que se hace notar sin robarle el protagonismo ni a la gastronomía ni a la conversación. Y otras, las sesiones en vinilo de DJ’s a cargo de Rafa Rosa y Madame Excuse. La mesa de mezclas, casi fundida con la barra de coctelería, está abierta a DJ residentes e invitados. Y las pantallas que rodean el local están situadas estratégicamente para que nadie se pierda nada, y para poner ritmo al local desde otros rincones del mundo, en directo.
De todas las aperturas de Madrid se dice que «se ha elegido cada detalle con cariño». Pues aquí es verdad, y se ve en la carta que parece una revista, en las paredes irregulares y hasta en el cacharrito donde se apoyan los cubiertos (diseñados por una familiar de Camargo, que aquí todo queda en casa).
Marciano es de lo que no hay: comida, bebida y música de alto nivel a bajo precio. Como adentrarse en otro planeta, uno diferente cada vez que abres la puerta.