Su primera exposición fue en las instalaciones de la Revista de Occidente en Madrid, cedida por Ortega y Gasset. Abandonó la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando por considerarla demasiado rígida y se atrevió a salir sin sombrero a la Puerta del Sol, desafiando las buenas costumbres de la época.
Hablamos de Maruja Mallo, una artista de la generación del 27 que protagonizó las vanguardias del siglo XX con su mirada femenina y liberadora. A ella está dedicada la exposición «Maruja Mallo: Máscara y compás», que llega al Museo Reina Sofía de Madrid el próximo 8 de octubre y que podrá verse hasta el 16 de marzo de 2026. Su visita se incluye con la entrada general al museo.
Más de 80 pinturas, dibujos, escritos y documentos recorren por orden cronológico la vida y obra de Maruja Mallo. A través de la exposición podremos conocer su interés por lo popular y el realismo mágico hasta llegar al Surrealismo y sus últimas pinturas con figuras geométricas y fantásticas. Además, está muy presente su visión femenina, que apuesta por la mujer moderna, activa, libre y profesional.
El Madrid de Maruja Mallo

Nacida en Viveiro (Lugo), Maruja Mallo viajó a Madrid para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí entabló amistad con Salvador Dalí y, aunque abandonó la escuela por su rigidez académica, se mantuvo dentro de la élite intelectual de la época. Compartió círculo con Ortega y Gasset, Buñuel, Lorca y Miguel Hernández, entre otros, e incluso mantuvo una relación romántica con el poeta Rafael Alberti.
La artista quiso reflejar el Madrid que tanto la inspiraba en sus obras. Quedó sorprendida por el ambiente colectivo de las fiestas y celebraciones, que incluían a todas las personas sin importar las diferencias económicas, de género o raciales. En la exposición, podemos ver cuadros como La verbena, pintado en 1927, que destaca por su ritmo, color y viveza.
Hacia la denuncia y el cosmos
Las visiones populares que Maruja Mallo pintaba en sus primeros cuadros y estampas se transformaron en denuncias sociales y en representaciones cada vez más fantásticas. Por ejemplo, en su serie Cloacas y campanarios, la figura humana se sustituye por esqueletos que muestran la desigualdad y el deterioro social.
Durante la Guerra Civil, representó a las campesinas y pescadoras como diosas del arte clásico para homenajear su trabajo. También pintó Naturalezas vivas, una serie sobre organismos marinos como conchas, algas o flores que aluden al útero materno como origen de la vida.
Mujeres empoderadas

Maruja Mallo defendió una mirada libre y moderna de la mujer. Frente a la imagen cosificada y sumisa que imperaba, ella retrató a mujeres dueñas de sí mismas y en acción. Al igual que otras artistas de la Generación del 27, Maruja Mallo se quitó el sombrero en la Puerta del Sol, un gesto que antes se consideraba provocador y escandaloso. Así, se creó el grupo conocido como “Las Sinsombrero”, del que también formaron parte María Zambrano, Concha Méndez o Margarita Manso.
Maruja Mallo se exilió a Argentina y más tarde a Estados Unidos, donde continuó con su carrera artística. Sus obras cuentan con reconocimiento internacional y están presentes en museos en París, Chicago, Argentina y Montevideo.
Con la exposición«Maruja Mallo: Máscara y compás», la pintora vuelve a Madrid para recordarnos su mirada femenina en el arte moderno, su denuncia a la desigualdad y sus universos fantásticos de vanguardia.