En apenas un par de meses, El Patio de Triana (calle del Doctor Castelo, 15) ha empezado a ocupar su lugar en el siempre agitado mapa gastronómico del barrio de Ibiza –con restaurantes como KultO, del que te hablábamos la semana pasada. A solo tres minutos andando de su hermano mayor en Narváez, este nuevo local hereda lo mejor de una fórmula que sus propietarios saben ganadora: respeto por la tradición andaluza, cocina honesta y una carta pensada para compartir, probar y repetir.
Una taberna sin artificios, con mucho sabor

Alejado del postureo y del ruido de las inauguraciones pomposas, El Patio de Triana es algo relativamente sencillo: una taberna sin alardes, un sitio donde simplemente se hacen bien las cosas. No hay necesidad de reservas ni de complicadas explicaciones: se entra, se pide algo para beber, se prueba alguna tapa —y casi sin darse cuenta, se termina comiendo. Y bien.
La carta, breve pero precisa, es completamente sin gluten, siguiendo la estela de su local de origen, y combina platos clásicos de la cocina andaluza con un toque actual. Todo elaborado con producto fresco de mercado, sin excesos ni piruetas técnicas.
Chicharrones, gambas y rabitas: lo esencial bien hecho
Aquí no hay una estrella rutilante, pero sí platos que destacan por derecho propio. El chicharrón, servido como si se estuviera en Sanlúcar, es probablemente lo mejor de la carta: fino, jugoso, con la grasa bien calibrada, perfecto. La ración cuesta 12,5€. Le siguen de cerca la gamba blanca de Huelva, limpia, sabrosa y servida con mimo, o las rabitas fritas de calamar de potera, que logran esa rara sensación de ser saciantes sin resultar pesadas.
Lo que uno se encuentra en El Patio de Triana no es cocina de autor ni platos para Instagram, sino sabores que remiten a casa –si tu casa está más cerca de Matalascañas que de Tapia de Casariego–, al sur, al tapeo auténtico. Un sitio donde lo importante no es la novedad, sino la coherencia.
