Consuegra, en la provincia de Toledo y a algo más de una hora en coche desde Madrid, es la versión castellana de un pueblo de cuento, con un caserío blanco a los pies de una colina coronada por un castillo medieval y una hilera de molinos de viento recortándose sobre el horizonte.
En cuanto uno se acerca por la carretera, la estampa de las aspas girando sobre el Cerro Calderico, con el Castillo de la Muela vigilándolo todo, tiene algo de decorado cinematográfico, gracias a luz dorada al atardecer, bruma invernal algunos días y ese silencio de los pueblos manchegos que solo rompen el viento y las campanas de la iglesia.
Arriba, en la cresta del cerro, se alinean una docena de molinos de viento restaurados, herederos de los que inspiraron a Cervantes, que hoy se pueden visitar por dentro para ver su mecanismo de madera y asomarse a miradores desde los que se domina la llanura entera.
A su lado se alza el castillo, una fortaleza reconstruida que permite imaginar la vida de la Orden de San Juan de Jerusalén entre murallas, aljibes y torreones. En días fríos, cuando el viento sopla con fuerza y el cielo se pliega de nubes, la subida al cerro tiene un aire de aventura invernal que recuerda a las grandes historias de capa y espada.
Un pueblo castellano en Navidad

El encanto navideño se completa en el casco urbano, con calles estrechas, soportales y plazas donde los bares y confiterías sirven dulces típicos manchegos. Es fácil encadenar la visita cultural con una comida de cuchara, ya sean gachas, migas o cualquier caldo humeante, y rematar la tarde en una cafetería frente a una taza de chocolate mientras anochece y se encienden las luces.
En fechas cercanas a la Navidad decoran el pueblo con belenes, mercadillos artesanos o actividades para niños que refuerzan esa sensación de pueblo de cuento, perfecto para una escapada de día desde Madrid.