En 2003 Victoria Beckham acababa de dejar las Spice Girls y a su marido, David, lo ficharon para jugar en el Real Madrid. Esta nueva etapa en la capital española supuso, como ya explicaron en su docuserie de Netflix, algunos altibajos para la familia que tuvo que adaptarse a la nueva realidad y encontrar un hogar. Antes de comprar su mansión en 2005, la familia pasó por varios alojamientos: primero se instaló en el hotel Santo Mauro, en el barrio de Almagro, y después alquiló una casa en La Moraleja, al norte de la capital.
Los Beckham se decidieron por una mansión que costó unos 4,2 millones de euros, según las cifras difundidas por Idealista, y destinaron cerca de medio millón adicional a reformarla. De estilo toscano y asentada sobre una parcela de más de 8.000 metros cuadrados, disponía de cinco dormitorios, un salón de doble altura y amplios vestidores.
Dos años después, la pareja puso la propiedad en el mercado en 2007, coincidiendo con el final de la etapa del futbolista en el Real Madrid y su marcha a Los Ángeles Galaxy, y cerró la venta ocho años después en 2015.
Dos piscinas, tenis y un pequeño campo de fútbol

Lo mejor de la enorme parcela era el equipamiento: piscina climatizada, además de una pista de tenis, un pequeño campo de fútbol y una zona de juegos infantiles. La reforma adaptó la casa a las necesidades de la familia, con espacios para el deporte y una zona para cenar y hacer grndes fiestas. Sin embargo, ninguna de estas prestaciones evitó que tardase tanto en venderse.
La venta se cerró en 2015 por alrededor de 5,8 millones de euros, tras una gran crisis financiera e inmobiliaria en España, que probablemente hubiera bajado el precio inicial por el que se compró. El importe superaba el precio de compra publicado, aunque esa diferencia no equivale al beneficio neto: para calcularlo habría que descontar la reforma, los impuestos y los demás gastos asociados a la propiedad y a la transmisión.