Madrid está a punto de sumar otro nuevo gran barrio gracias al desarrollo de la Nueva Centralidad del Este (NCE), en el distrito de San Blas-Canillejas, junto al estadio Metropolitano. Este ambicioso proyecto urbanístico, que aspira a construir en el último gran espacio verde del este de la capital, contempla la creación de 18.000 viviendas sostenibles que se distribuirán en cuatro grandes barrios de proximidad, pensados bajo el modelo de ciudad de los 15 minutos. Aproximadamente la mitad de los pisos será de protección pública.
La NCE ocupará más de 5,5 millones de metros cuadrados entre la M-40, el estadio del Atlético de Madrid y las lagunas de Ambroz. Uno de sus ejes será un gran campus tecnológico con 800.000 metros cuadrados de superficie y 400.000 de edificabilidad.
Nuevo barrio de Madrid con «nuevas zonas verdes»
Desde la constructora del proyecto y desde el propio Ayuntamiento se hace especial hincapié en que se va a destinar más de un tercio del espacio (dos millones de metros cuadrados) a zonas verdes, sendas forestales y láminas de agua, pero se hace poca mención a la ya rica biodiversidad alrededor de las lagunas naturales de la zona.
También se insiste en que las viviendas están diseñadas con criterios de eficiencia energética, y se organizarán en bloques de alta densidad para fomentar la vida de barrio y minimizar desplazamientos diarios, integrando tecnologías inteligentes y soluciones de economía circular (paneles solares, materiales sostenibles, sistemas de reciclaje y reducción de residuos).
Preocupación por las lagunas de Ambroz

Sin embargo, el desarrollo de la Nueva Centralidad del Este ha despertado una fuerte preocupación entre asociaciones ecologistas y vecinales por el futuro de las lagunas de Ambroz, uno de los humedales urbanos más singulares de Madrid. Organizaciones como Ecologistas en Acción y el Grupo de Trabajo para el Estudio y Conservación de las Lagunas de Ambroz consideran el proyecto urbanístico incompatible con la protección de este enclave, que acoge especies de flora y fauna en peligro de extinción y se ha naturalizado en las últimas dos décadas tras el cese de actividad minera.
Las entidades denuncian que, aunque el proyecto prevé conservar las lagunas en la zona sur del nuevo barrio, la urbanización del entorno —con carreteras y bloques de viviendas— pondría en peligro su conectividad ecológica, degradaría el hábitat y limitaría su valor como refugio de biodiversidad.
Critican además el incumplimiento de acuerdos municipales previos sobre la necesidad de protección y gestión comunitaria de la zona, y alertan de que el concepto de “renaturalización” defendido por la administración es, en la práctica, un simple barniz verde sobre un megaproyecto que sellaría suelos naturales irremplazables. Según estas asociaciones, la mejor opción sería declarar el espacio como zona protegida, integrarlo en el Bosque Metropolitano y convertirlo en una gran reserva de biodiversidad y corredor verde para todo el sureste madrileño