A los pies de La Pedriza y junto al embalse de Santillana, Manzanares el Real conserva uno de los paisajes más impresionantes de la Comunidad de Madrid. Esta villa de la Sierra de Guadarrama se encuentra a unos 45 minutos en coche desde la capital y combina patrimonio medieval, naturaleza, rutas de montaña y una de las construcciones más reconocibles de la región: el Castillo de los Mendoza, considerado la fortaleza medieval mejor conservada de la región y fue el lugar escogido para firmar el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid.
El municipio forma parte del entorno de la Reserva de la Biosfera de la Cuenca Alta del Manzanares, un espacio protegido que reúne bosques, dehesas, formaciones graníticas, embalses y algunos de los paisajes más característicos de la sierra madrileña. La proximidad entre el castillo, el pueblo, el agua y las montañas convierte a Manzanares el Real en una escapada completa para pasar un día sin necesidad de alejarse demasiado de la ciudad.
El castillo que domina la sierra
El gran protagonista de Manzanares el Real es el Castillo de los Mendoza, también conocido como castillo nuevo. La fortaleza se construyó en el siglo XV por iniciativa de Diego Hurtado de Mendoza, primer duque del Infantado, y fue diseñada por Juan Guas, uno de los arquitectos más importantes del final de la Edad Media en Castilla.
Su aspecto exterior conserva todos los elementos que se esperan de un castillo: muros de granito, torres cilíndricas, almenas, saeteras, matacanes y una gran torre del homenaje. Sin embargo, tras esa apariencia defensiva se esconde un edificio concebido también como residencia nobiliaria. El patio central no funcionaba únicamente como espacio militar, sino como patio palaciego, con una doble galería de arcos de estilo gótico, dificil de ver en otro lugar de la Comunidad de Madrid.
La construcción es una de las mejores muestras de arquitectura tardomedieval de la región. Su estilo mezcla elementos góticos y mudéjares, visibles en las decoraciones geométricas y vegetales, los ventanales y las líneas del conjunto. La importancia del castillo va más allá de su imagen: sirvió como referencia para el posterior Palacio del Infantado de Guadalajara, otra de las grandes obras vinculadas a la familia Mendoza.
Desde el adarve, el camino elevado protegido por almenas que recorre parte de la muralla, se obtienen algunas de las mejores vistas del entorno. A un lado aparece La Pedriza, con sus rocas graníticas y sus perfiles inconfundibles; al otro, el embalse de Santillana y el paisaje abierto de la Cuenca Alta del Manzanares.

El castillo ha sido restaurado en varias fases. La primera intervención relevante se produjo en 1914, dirigida por el arquitecto Vicente Lampérez. En 1931 fue declarado Monumento Histórico-Artístico y en 1964 se llevó a cabo una nueva restauración bajo la dirección de Manuel González Valcárcel.
El edificio también ocupa un lugar singular en la historia reciente de la región: en 1982 acogió la ponencia encargada de redactar y firmar el Estatuto de Autonomía de la Comunidad de Madrid, que entró en vigor al año siguiente.
Una escapada entre agua y granito
La visita a Manzanares el Real se completa con un paseo por el pueblo y por el entorno del embalse de Santillana. El agua, las montañas y las construcciones de piedra forman uno de los paisajes más fotogénicos de la Comunidad de Madrid, especialmente en días despejados de otoño.
La Pedriza, situada junto al municipio, es uno de los grandes destinos de senderismo de la sierra madrileña. Sus enormes bloques de granito, gargantas, caminos y miradores atraen a excursionistas, escaladores y familias durante todo el año. Sin embargo, es importante elegir rutas adecuadas al nivel físico del grupo, llevar agua suficiente, calzado apropiado y consultar antes las condiciones meteorológicas y las restricciones de acceso.
Para quienes prefieren un plan más tranquilo, el propio casco urbano ofrece una buena combinación de historia, restaurantes y paseos. La iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, el entorno de la plaza del pueblo y las calles próximas al castillo permiten prolongar la visita sin necesidad de hacer una ruta de montaña exigente.
El interior del castillo
Además de su arquitectura, el Castillo de los Mendoza alberga una colección de tapices flamencos, pinturas, armaduras y mobiliario de los siglos XVI al XIX. Estos objetos permiten imaginar cómo era la vida en una residencia noble y añaden una dimensión doméstica a un edificio que, visto desde fuera, parece exclusivamente militar.
El patio residencial, las galerías, la capilla y las salas interiores muestran cómo la fortaleza se adaptó al gusto de una élite que necesitaba proyectar poder, pero también habitar el edificio. Esa mezcla de piedra, defensa, arte y vida cotidiana es uno de los motivos por los que el castillo es una visita tan especial.
No obstante, antes de organizar la escapada conviene consultar la situación actual del monumento. La página oficial de turismo de la Comunidad de Madrid advierte de que las visitas al castillo se encuentran temporalmente suspendidas. El exterior, el casco urbano y el paisaje de la zona siguen siendo razones suficientes para acercarse, pero es recomendable comprobar la reapertura, las condiciones de visita y los horarios antes de viajar.