Cuando se habla del eclipse del 12 de agosto, casi toda la conversación gira en torno a lo práctico: horarios, gafas especiales y mejores lugares para verlo.
Pero detrás de ese entusiasmo hay una advertencia muy seria por parte de expertos como el profesor Alfredo García Layana, oftalmólogo y presidente de la Sociedad Española de Retina y Vítreo (SERV): «mirar el Sol sin protección adecuada, aunque sea durante un eclipse, puede causar una quemadura silenciosa en la retina. Un daño que ocurre en cuestión de segundos y que, en muchos casos, deja secuelas irreversibles».
El daño ocurre en segundos, aunque no haya dolor
La primera idea que subraya García Layana es que no existe un “tiempo seguro” para mirar el eclipse directamente. El riesgo depende de varios factores —intensidad de la luz, altura del Sol, uso de instrumentos ópticos, duración de la mirada fija—, pero el margen es mínimo: el daño puede producirse en cuestión de segundos si se observa el Sol directamente sin protección adecuada. La radiación solar concentrada sobre la retina provoca lo que se conoce como retinopatía solar, una lesión que destruye las células sensibles a la luz.
Asegura que esas células no se regeneran. Por eso, las secuelas pueden ser permanentes, con pérdida de visión central, manchas en el campo visual y dificultades para reconocer detalles finos. El oftalmólogo es tajante en la recomendación: «si se va a mirar al Sol, lo prudente es no quitarse en ningún momento las gafas especiales de protección homologadas para eclipses».
Gafas para el eclipse: qué es estar homologado

Ante la avalancha de productos que se anuncian estos días, García Layana insiste en un criterio objetivo: las gafas deben cumplir la norma internacional ISO 12312-2, específica para la observación directa del Sol. Esa referencia debe aparecer impresa en el producto. No vale cualquier gafas de sol, por muy oscuras o caras que sean, ni inventos caseros como radiografías, cristales ahumados o CDs.
El oftalmólogo recomienda adquirir las gafas a través de distribuidores de confianza, centros especializados o instituciones científicas, y desconfiar de productos sin etiquetado claro o procedencia dudosa. Antes de usarlas, conviene revisar que los filtros no tengan arañazos, perforaciones o daños. Una mínima rotura puede ser suficiente para que la radiación entre justo por el punto más débil.
¿Total o parcial? El riesgo es casi el mismo
Sobre la diferencia entre zonas de eclipse total y parcial, García Layana matiza un punto importante. En un eclipse parcial nunca debe mirarse el Sol directamente sin protección, porque siempre queda parte del disco solar visible y su intensidad sigue siendo suficiente para dañar la retina.
En un eclipse total existe una excepción muy concreta: únicamente durante los segundos de totalidad, cuando la Luna cubre completamente el disco solar y solo se ve la corona, se podría observar sin gafas especiales. En cuanto aparece el primer destello de luz al terminar esa totalidad, es imprescindible volver a proteger los ojos de inmediato. Fuera de ese brevísimo intervalo, el riesgo es exactamente el mismo que en un eclipse parcial. Por eso, su consejo práctico es que si se va a mirar directamente al Sol, lo más seguro es no quitarse las gafas en ningún momento.