A tan solo una hora de Madrid, se encuentra un bosque con una estética de cuento y vinculado a la historia de la ciudad desde el siglo XIV. Sus árboles frondosos que filtran la luz, su imponente lago y su cabaña pueden evocar a la naturaleza mágica de películas de estudio Ghibli como La princesa Mononoke o Mi vecino Totoro.
Al igual que sucede en los jardines japoneses de Alcobendas, vemos cómo la armonía entre la vegetación y la arquitectura nos conectan con la tradición nipona. La madera y la naturaleza invitan al paseo y a la contemplación del entorno.
Nos referimos al Bosque Finlandés de Rascafría, situado en la sierra de Guadarrama, al norte de Madrid. Sus álamos, abedules y abetos también recuerdan a la vegetación escandinava, de ahí que reciba este nombre. Además, este enclave alberga una antigua cabaña que se usaba como sauna y un lago de cuento con su propio muelle.
Si iniciamos la ruta desde Rascafría podremos recorrer parte del río Lozoya, pasar junto al Monasterio del Paular y atravesar puentes con más de 600 años de antigüedad. En total, un recorrido de 13 kilómetros circular donde los monumentos y la naturaleza crean una gran experiencia.
El papel de la primera edición del Quijote

Para acceder al Bosque Filandés, lo primero que hay que hacer es cruzar el Camino del Papel, que los monjes cartujos del siglo XIV utilizaban para llegar a un molino de papel. Aprovechaban el agua de la zona para impulsarlo y conformar este material. El molino fue tan importante como certifica este hecho: su papel se utilizó para imprimir la primera edición de El Quijote en 1605.
A continuación, se atraviesa el Puente de la Reina, una estructura de piedra que cruza el arroyo y conduce hasta el Puente del Perdón, cuyo origen se remonta a la edad media. Durante la Reconquista, los caballeros cristianos buscaban asentamientos para repoblar la zona y se encargaban de mandar a la horca a todo aquel que pudiese poner en peligro el nuevo orden. Aquellos que se libraban de la horca atravesaban este puente, con lo que eran «perdonados», de ahí su nombre.
Un monumento nacional junto al bosque

Siguiendo esta ruta, se puede contemplar el Monasterio de Santa María del Paular, fundado en 1390 por la orden cartuja. Con el paso del tiempo ha sufrido cambios arquitectónicos, de manera que su iglesia, claustro y sacristía combinan elementos góticos, renacentistas y barrocos.
A finales del siglo XIX, el rey Alfonso XII lo declaró monumento nacional y actualmente lo habitan monjes benedictinos. Puede visitarse de miércoles a domingo por unos 7 euros por persona.
Un muelle y una cabaña de cuento

La ruta continúa hacia el Bosque Filandés, en el que podemos encontrar una cabaña que antes servía como sauna. Es ideal para imaginar historias y hacerse fotos. Además, se puede llegar hasta un lago que cuenta con su propio muelle desde el que descansar y contemplar el agua.
El paisaje destaca por su frondosa vegetación, lo que lo convierte en una escapada ideal en cualquier época del año. Sus pinos, abetos, chopos y abedules constituyen un pequeño refugio climático para huir del calor en verano.
En otoño, cuando se cubre de hojas, recuerda aún más a las películas de estudio Ghibli. Unos meses más tarde, la nieve del invierno lo convierte en un auténtico bosque nórdico, haciendo honor a su nombre.
Cómo llegar al Bosque Finlandés
La forma más rápida de acceder al Bosque Finlandés es en coche, en un trayecto de una hora aproximadamente desde Madrid. Lo más recomendable es tomar la autovía A-1 hacia el norte y seguir por la M-604 hasta llegar a Rascafría.
También es posible llegar en transporte público, con el bus 194 desde el intercambiador de Plaza de Castilla. El recorrido dura unas dos horas y atraviesa distintos pueblos del valle del Lozoya hasta llegar a Rascafría. Desde ahí, se puede llegar caminando unos 25 minutos hasta el inicio de la ruta.