Los franceses, para hablar de sueños imposibles o ideas quiméricas, utilizan la expresión faire des châteaux en Espagne, que en castellano se traduce como hacer castillos en España, es decir, en el aire, que diríamos aquí. La catedral de Justo, el templo levantado durante décadas por un solo hombre, es la culminación de mucha de la idiosincrasia española.
Ahora el municipio de Mejorada del Campo ha echado el cierre a la singular construcción. La llamada catedral de Justo, que se hizo famosa gracias a un anuncio de Aquarius, no podrá recibir visitas ni albergar actos públicos hasta nuevo aviso. El Ayuntamiento ha dictado una orden de clausura basándose en un argumento tan sencillo como contundente: el edificio nunca ha tenido licencia urbanística ni proyecto técnico visado, pese a llevar años abierto al público bajo la gestión de la ONG Mensajeros de la Paz.
La obra comenzó a levantarse en los años 60, cuando Justo Gallego, agricultor y antiguo aspirante a monje, decidió construir con sus propias manos un templo en honor a la Virgen del Pilar sobre un terreno familiar. Durante más de medio siglo acarreó ladrillos, columnas, cúpulas y vidrieras hechas con materiales reciclados, sin planos oficiales, sin arquitecto y sin permiso de obra, hasta crear un edificio monumental de aspecto catedralicio que atrajo curiosos, fotógrafos y, sobre todo, el foco del anuncio de Aquarius que lo convirtió en símbolo de tenacidad a nivel nacional.
En 2021, poco antes de morir, Justo donó el inmueble a Mensajeros de la Paz, la organización del padre Ángel, con la idea de que la terminaran y la mantuvieran como espacio de acogida y culto. Desde entonces, la ONG la ha presentado como “Catedral de la Fe”, un proyecto sostenible y multiconfesional abierto a creyentes y no creyentes, donde se han organizado visitas, exposiciones y hasta un polémico espacio anexo con mezquita, sinagoga y capilla evangélica.
Un edificio sin licencias, ni garantía de seguridad
El problema, como ahora ha hecho oficial el Ayuntamiento, es que esa catedral nunca ha cumplido los requisitos básicos que se exigen a cualquier edificio abierto al público. “Es un edificio que no tiene licencias”, resume el decreto municipal de clausura, fechado el 10 de febrero. Los servicios técnicos recuerdan que se trata de una “edificación irregular” construida sin proyecto ni visado colegial, sin justificación del cumplimiento del Código Técnico de la Edificación (seguridad estructural, contra incendios, accesibilidad, etc.), y con elementos como escalinatas exteriores o forjados que podrían suponer riesgo para las personas.
Según el consistorio, desde hace años se viene requiriendo a la entidad del padre Ángel la presentación de un proyecto de regularización completo, visado por el Colegio de Arquitectos de Madrid, que acredite que la estructura cumple la normativa y permita tramitar una licencia de apertura como centro cívico y sala de exposiciones. Mensajeros de la Paz habría aportado “cierta documentación”, pero los técnicos la consideran insuficiente: faltan informes clave sobre seguridad, estabilidad y salubridad, por lo que el expediente lleva tiempo bloqueado.
La chispa: una exposición que no se pudo celebrar

El detonante del cierre ha sido, paradójicamente, una propuesta cultural. Hace unas semanas, una fundación consultó al departamento de Urbanismo qué permisos necesitaba para organizar una exposición de arte en la catedral. Al revisar el expediente, los técnicos constataron que el edificio carecía de cualquier licencia de actividad y que no había trámite de legalización en curso que permitiera autorizar la muestra, lo que derivó en la apertura de un nuevo procedimiento que ha culminado ahora con la orden de clausura de visitas, exposiciones y “cualquier uso público del inmueble”.
Mensajeros de la Paz admite en su propia web la situación y ha publicado un aviso claro a los visitantes: “La catedral permanecerá cerrada en espera de que se tramite la licencia municipal”. La organización asegura que solicitó la regularización hace más de tres años, que ha ido aportando documentación y que cumplirá la orden de cierre mientras continúa el proceso, reiterando su “plena voluntad” de colaborar con el Ayuntamiento para poder reabrir el espacio al público en el futuro.
Mientras tanto, la catedral que nació como acto de fe y tozudez individual, que se hizo mundialmente famosa por un anuncio y que en los últimos años se transformó en centro social y multiconfesional, permanece rodeada de vallas y a la espera de que un proyecto técnico la ponga, por primera vez, dentro de la legalidad. El cierre no borra su condición de icono del imaginario popular, pero sí recuerda que incluso las grandes obras levantadas por un solo hombre necesitan, tarde o temprano, algo tan terrenal como una licencia de obras.