Dabiz Muñoz vuelve a mover ficha en el mapa gastronómico de Madrid y lo hace con un golpe de efecto inmobiliario: ha comprado una parcela en Boadilla del Monte por unos tres millones de euros con la idea de levantar desde cero un restaurante completamente nuevo, según informa El Confidencial.
La operación confirma algo que se venía intuyendo desde hace tiempo y es que el chef quiere sacar parte de su universo XO del centro de la ciudad para explorar un formato más grande, más escénico y con otro tipo de relación con el entorno.
De la Finca a Boadilla: segundo asalto en la periferia
No es la primera vez que chef madrileños intenta llevar su cocina fuera del radio habitual de sus restaurantes actuales. Hace unos años ya exploró la posibilidad de abrir en La Finca, la exclusiva urbanización de Pozuelo de Alarcón contigua a Boadilla, pero aquella operación no terminó de cuajar: el proyecto se fue enfriando entre condicionantes urbanísticos, tiempos que se alargaban y una coyuntura económica y empresarial que no acompañaba.
Boadilla del Monte parece ser ahora esa segunda oportunidad. El municipio tiene una gran masa forestal rodeándolo, es el segundo más rico de España, está relativamente bien conectado con la M‑50 y la M‑503, y con una base de público objetivo que ya se mueve con naturalidad por restaurantes de ticket medio/alto, clubs de campo y espacios de ocio de cierto nivel. La compra de una parcela, en lugar de alquiler, indica, además, que Dabiz Muñoz quiere control total sobre el proyecto: arquitectura, espacios, cocina, circulaciones, jardín, accesos… y la libertad de no depender de un cascarón previo.
Un proyecto “desde el suelo”: qué significa comprar la parcela

Esta inversión patrimonial tan fuerte sobre la que se construirá indica que es un restaurante pensado para durar, seguramente acompañado de otros usos complementarios (huertos, espacios para eventos, terrazas, quizá una zona más informal o incluso algún formato híbrido entre restaurante y club). Comprar el suelo permite diseñar un inmueble que responda exactamente a lo que pide la cocina XO de hoy: mucha superficie de cocina, zonas de I+D, bodega, accesos cómodos para proveedores y un comedor planteado casi como escenario.
En un entorno como Boadilla, donde hay más margen de metros que en el centro de Madrid, Dabiz puede permitirse cosas que en la ciudad serían inviables o prohibitivas: jardines integrados, zonas exteriores preparadas para experiencias al aire libre, estacionamiento propio, posibles huertos experimentales, etc. Todo ello encaja con esa concepción del restaurante como viaje: no solo es lo que comes, sino el trayecto, el lugar, el tiempo que pasas allí y la sensación de estar entrando en un mundo diseñado de punta a punta.