Uno de los pocos lugares en los que el verano madrileño no se siente como un castigo es el pantano de San Juan y, los alrededores de la sierra Oeste, que en su gran mayoría han ardido la semana pasada. 28.000 hectáreas que se han llevado por delante pinos centenarios, corzos, ardillas, reptiles, casas y negocios, incluso a la orilla del agua.
El San Juan eran 14 kilómetros cuadrados de arena de playa, bandera azul (la única de la Comunidad de Madrid), chiringuitos, barcos y bañistas que corformaban la postal clásica estival, que además servía como motor económico de la zona y bastión de la biodiversidad a solo 70 km de una de las mayores capitales de Europa.
«El pico de trabajo para nosotros es el verano, la época de buen tiempo. En invierno siempre hay otras actividades: setas, senderismo, montaña… pero la actividad principal es ahora.» explica Carlos Sevillano, dueño de Econautica, uno de los embarcaderos del pantano y vecino de la zona. «Y lo que sentimos es frustración, pena, desasosiego. Yo no volveré a ver el entorno como era. Yo me he criado aquí y sé que esto tarda 50 años en recuperarse. Eso es lo que más rabia da: muchísima rabia, mucha ira, porque no se ha tomado ningún tipo de precaución y de prevención.»
El futuro después de mayor incendio de España

Una semana después, pasado el peligro inicial, aún se está intentando contabilizar los daños en un paisaje lunar: «todo lo que nos rodea en un radio de 60 km hacia el oeste está quemado y hacia Madrid en un radio de 30 km también», a lo que por supuesto se suman los daños materiales. El fuego se guíaba por el viento fuerte, lo que ayudaba a que las pavesas llegarán más lejos, en los barcos además hay productos químicos, de las pinturas que recubren los cascos, esas partículas salen volando y arden mucho más tiempo que la materia vegetal. «Bastaba que una de esas partículas cayera sobre la lona de un barco, y ese barco prendía. El vecino también. Se genera el caos» describe Sevillano en la conversación con Madrid Secreto.
Pese a todo, en Econautica acababan de desbrozar los alrededores: «eso nos ha salvado. Hemos sufrido muy pocos daños, en parte porque Doramas, otro de los embarcaderos, hizo de muro frente al fuego». El edificio Real Club Náutico de Madrid también ha sobrevivido al incendio, aunque como El Ancla, uno de los negocios más conocidos del pantano, han perdido buena parte de las embarcaciones.
El resultado es angustia e incertidumbre. La actividad turística de la zona se va a paralizar. «No sabemos cuánto tiempo vamos a poder aguantar. Yo hoy estoy preocupado porque mañana tengo que pagar seguros sociales y nóminas. Este mes lo podremos solventar porque siempre tenemos un pequeño fondo de reserva, pero la gran incógnita es cuántas personas van a seguir viniendo si no tienen dónde tomar nada porque todo está calcinado.»
El turismo, que forma parte del debate público, en este caso puede tener ahora un componente casi altruista y generoso, porque aunque el paisaje ya no acompañe, los vecinos van a necesitar que se recupere el movimiento de gente el los próximos meses más que nunca.