El Ayuntamiento de Madrid ha aprovechado el encendido de las luces de Navidad del pasado 22 de noviembre para estrenar una nueva identidad visual y decir adiós al azul eléctrico y al logo que llevaba casi dos décadas acompañando a la ciudad. La actualización no toca el escudo ni la bandera oficiales, pero sí el símbolo que se usa en campañas, marquesinas, webs y redes: un Oso y Madroño más simplificados y minimalistas, las siete estrellas recolocadas en la parte superior y una paleta de azules mucho más oscura y sobria, pensada para funcionar mejor en pantallas, apps y formatos digitales.
El alcalde, José Luis Martínez-Almeida, ha explicado este pasado lunes en declaraciones a los medios de comunicación que el rediseño “ha costado cero euros” porque se ha desarrollado internamente desde la Dirección General de Comunicación, y que busca adaptar la marca municipal “a las exigencias de comunicación de hoy en día”. El nuevo logotipo mantiene todos los elementos reconocibles, oso, madroño, corona y estrellas, pero elimina detalles, simplifica líneas y busca el minimalismo, la tendencia reina en el branding en los últimos años.
Nuevo logo, nuevo eslogan para Madrid

El cambio llega, además, acompañado de un nuevo eslogan institucional, Madrid, donde se cruzan los caminos, con el que el equipo de gobierno quiere subrayar el papel de la ciudad como punto de encuentro de culturas, personas y proyectos. La tipografía también se pone al día: desaparecen las letras más neutras y entra con fuerza la Chulapa, una fuente creada en 2019, de inspiración castiza, que ya se había usado en el callejero histórico y que ahora se convierte en la voz gráfica del Ayuntamiento en muchos soportes.
No todo han sido aplausos. En redes sociales y parte de la oposición han criticado que el resultado mezcle un oso y un madroño muy esquemáticos con una corona y unas estrellas más detalladas, generando un cierto “pastiche” entre lenguajes diferentes, y han cuestionado la falta de concurso público y transparencia en el proceso. Aun así, el consistorio defiende que se trata de un simple retoque, no de una ruptura, y que la implantación será gradual para no disparar el gasto en papelería, señalética o rotulación ya existente.