Villa del Prado se ha ganado, con números y apodo, el título oficioso de pueblo más barato de la Comunidad de Madrid para comprar un chalet. A una hora en coche de la capital, en plena Sierra Oeste y pegado a la ribera del Alberche, este municipio de poco más de 6.000 habitantes combina algo cada vez más difícil de encontrar: casas unifamiliares con parcela por menos de 200.000 euros y un entorno rural al que llaman desde hace años la “huerta de Madrid”.
Un vistazo rápido a portales inmobiliarios como idealista o Fotocasa basta para entender por qué tantos madrileños están poniendo el radar en Villa del Prado. Aquí hay chalets y casas unifamiliares desde cifras que en la capital apenas alcanzan para un estudio. Se anuncian viviendas independientes con jardín, muchas veces con piscina o espacio para instalarla, desde algo menos de 120.000–150.000 euros, y un buen número de chalets amplios se mueven en la horquilla de 170.000–190.000 euros, claramente por debajo de los 200.000.
El precio medio de venta ronda los 970 euros por metro cuadrado frente a casi 5.000 euros/m² de media en la provincia, lo que da una idea de la diferencia: por lo que cuesta un piso pequeño en Madrid ciudad aquí se puede comprar una casa con parcela y vistas al campo. Urbanizaciones como El Encinar del Alberche concentran chalets con parcela generosa, servicios comunitarios (piscina, pistas deportivas, supermercado, restaurante) y vigilancia, pensados para familias que buscan más espacio sin renunciar a ciertas comodidades.
Por qué se le conoce como “la huerta de Madrid”

Villa del Prado no es solo uno de los pocos sitios de Madrid donde queda vivienda accesible, el municipio lleva décadas presumiendo del apodo de “huerta de Madrid” porque concentra la mayor producción de verduras y hortalizas de toda la comunidad. Tomates, pepinos, acelgas o pimientos salen de sus tierras fértiles, regadas por el Alberche y con un microclima más benigno gracias a que el municipio está a una de las cotas más bajas de la región.
El paisaje está marcado por invernaderos, huertas tradicionales y explotaciones familiares como la de Verduras Curro, que comenzaron vendiendo en mercadillos y hoy distribuyen producto a buena parte de la región. El propio Ayuntamiento reivindica esta identidad agraria hasta el punto de ser, junto con Villaconejos, uno de los pocos municipios madrileños con un concejal específico de Agricultura.