El último temporal de este pasado fin de semana volvió a dejar a Madrid sin su gran pulmón verde. El Ayuntamiento activó el nivel rojo del protocolo por meteorología adversa y ordenó el cierre completo de El Retiro y otros ocho grandes parques ante la previsión de rachas de viento de hasta 70 km/h y el riesgo de caída de ramas y árboles, una medida que ya se ha convertido en rutina invernal en la ciudad. Detrás de cada candado hay un sistema de alertas, umbrales y boletines diarios que decide cuándo se puede pasear bajo el arbolado y cuándo es mejor mantener las puertas cerradas.
En el episodio de mitad de febrero, las puertas se cerraron a primera hora de la mañana y se mantuvieron así durante toda la jornada, con Policía Municipal y personal de parques informando a los paseantes en los accesos.
La medida se adopta a partir de los avisos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET): un aviso amarillo o naranja por viento en la ciudad puede traducirse en alerta roja dentro de estos recintos, ya que la combinación de rachas fuertes con árboles altos y, a menudo, envejecidos, dispara el riesgo de desprendimientos. Desde la tragedia de 2014 —cuando la caída de ramas causó víctimas mortales en El Retiro— el Ayuntamiento endureció estos protocolos y los aplica de forma sistemática.
Así funciona el protocolo del Retiro: cuatro niveles y varios umbrales
Los umbrales principales son:
- Alerta verde (normalidad): rachas de hasta 40 km/h con temperaturas por debajo de 35 ºC y suelos no encharcados, o vientos por debajo de 30 km/h aunque haga mucho calor o el terreno esté muy húmedo. En este nivel el parque funciona con normalidad.
- Alerta amarilla: se activa con rachas de entre 40 y 50 km/h si la temperatura es inferior a 35 ºC y el suelo no supera el 75% de agua disponible, o con vientos de 30‑40 km/h combinados con calor intenso o terreno muy húmedo. Bajo este nivel no se cierra El Retiro, pero se balizan y prohíben zonas de riesgo: áreas infantiles, zonas deportivas y de mayores, y jardines cerrados como Cecilio Rodríguez.
- Alerta naranja: se declara con rachas de 50‑65 km/h (o 40‑55 km/h si hace más de 35 ºC o el suelo está muy mojado) o con nevadas de 5 a 20 centímetros en 24 horas. En este escenario se limitan accesos, se suspenden todas las actividades al aire libre y se restringe el paso a amplias zonas bajo arbolado.
- Alerta roja: es la que provoca cierres como el de estos días con rachas de 65 km/h o más con temperaturas por debajo de 35 ºC y suelo relativamente seco, o a partir de 55 km/h si hace mucho calor o el terreno está muy húmedo; también con nevadas de más de 20 centímetros. Con el nivel rojo se cierran y desalojan por completo El Retiro y los otros ocho parques, se suspenden todas las actividades y el acceso queda prohibido.
Qué pasa antes de reabrir: revisión árbol por árbol

El cierre por viento no termina cuando amaina el temporal. Una vez que AEMET rebaja el nivel de aviso y el protocolo sale de la fase roja, equipos de jardineros, técnicos de arbolado y bomberos recorren los parques para hacer una inspección visual completa: localizan ramas partidas, árboles inclinados o troncos con grietas y priorizan actuaciones.
Según explica el propio Ayuntamiento, hasta que no se retiran las ramas caídas, se sanea el arbolado dañado y se comprueba que no hay ejemplares con riesgo inminente de fractura, no se retiran las vallas ni se reabren los accesos. En los episodios más severos, esta revisión puede prolongarse varias horas, e incluso obligar a mantener algunas zonas cerradas aunque el resto del parque vuelva a estar disponible.
El cierre recurrente de El Retiro y otros parques en días de viento fuerte o calor extremo ha generado debate político y malestar entre muchos madrileños, especialmente cuando las condiciones no parecen graves a simple vista. Sin embargo, los técnicos municipales recuerdan que el parque tiene más de 120 hectáreas y un arbolado en muchos casos centenario, con ejemplares grandes y frágiles donde una racha de 70 km/h puede provocar fracturas imprevistas.
