A menos de una hora en coche de la capital, esta plaza irregular de tonos verdes y madera, con 234 balcones mirando al centro, concentra siglos de historia, gastronomía castellana y ese ambiente de pueblo vivo que muchos madrileños buscan cuando necesitan escapar un día del asfalto capitalino.
En 2008 la Comunidad de Madrid organizó una votación popular para elegir las Siete Maravillas de la región, y la Plaza Mayor de Chinchón se coló en la lista junto a gigantes como el Monasterio de El Escorial o el Museo del Prado. Desde entonces se la conoce como la “cuarta maravilla” madrileña, un título extraoficial pero muy repetido que resume bien el cariño con el que se mira este recinto porticado.
Se trata de una plaza de origen medieval, cerrada por completo en el siglo XVII, y considerada una de las plazas mayores más bonitas del mundo, con sus casas de tres alturas, fachadas encaladas y galerías de madera que se asoman al vacío.
Balcones, cine y una vida de película

Los balcones de Chinchón no solo son su imagen más icónica, también han sido asiento privilegiado de miles de historias, tanto reales como de ficción. La plaza ha enamorado a directores como Orson Welles y se ha utilizado como plató de numerosas películas, anuncios y series, aprovechando su estética intacta y su capacidad camaleónica para convertirse en coso taurino, corral de comedias o escenario histórico.
Chinchón también es sinónimo de cocina castellana clásica: cordero y cochinillo asados en horno de leña, carnes rojas a la parrilla, sopas de ajo, judías chinchoneras, morcillas y chorizos de pueblo, además de guisos de cuchara que saben a invierno aunque los tomes en primavera. Muchos de los restaurantes de la Plaza Mayor, algunos con varias décadas de historia, cuentan con comedores interiores, cuevas centenarias donde se degustan vinos, y terrazas tanto a pie de plaza como en las balconadas de madera.
Al estar a menos de una hora de Madrid en coche, la ciudad se convierte en una escapada muy popular para un día o un fin de semana. Su casco histórico fue declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1974, y la plaza es el corazón desde el que se ramifican calles empinadas, miradores, el castillo de los Condes o la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, que asoma por encima del caserío. A todo ello se suma su famoso anís —en versiones dulce, seco y seco especial—, cuya elaboración forma parte de la identidad local y completa la experiencia gastronómica.