Madrid vuelve a acoger la obra de Eduardo Chillida. Veinticinco años después de la gran retrospectiva del Reina Sofía, la ciudad estrena Eduardo Chillida. Soñar el espacio, una muestra de 120 obras que convierte el Centro Cultural Conde Duque en un laboratorio vivo del escultor español. La exposición se inaugura el martes 17 de febrero y podrá visitarse hasta el 21 de junio, consolidándose como una de las grandes citas culturales de la temporada madrileña.
Eduardo Chillida. Soñar el espacio es la primera exposición de gran formato dedicada al artista en la capital desde 1998‑1999, cuando el Museo Reina Sofía le consagró una retrospectiva que se convirtió en referencia. Este vacío de más de un cuarto de siglo explica la expectación: para toda una generación de visitantes es, literalmente, la primera oportunidad de ver reunido un conjunto amplio de piezas del autor del Peine del Viento sin salir de Madrid. La muestra llega en un momento en que la escultura del siglo XX se revisa con nuevos ojos, lo que abre la puerta a lecturas renovadas de su obra.
Conde Duque convertido en paisaje escultórico

La exposición reúne alrededor de 120 piezas entre esculturas y obra sobre papel, articuladas como un recorrido por el universo formal de Chillida: hierro forjado, acero, alabastro, tierra chamota, papel, tinta… materiales muy distintos atravesados por la misma obsesión por el espacio, el vacío y la luz. Los dibujos y grabados permiten ver cómo se construye la idea antes de convertirse en volumen, mientras que las esculturas ocupan la sala como presencias silenciosas que se abren, se pliegan o se enraízan en el suelo.
El montaje de Soñar el espacio está concebido para que el visitante no solo contemple las piezas, sino que las recorra y las habite. Cada obra altera la percepción de la sala, propone recorridos, obliga a rodearla, a asomarse a sus huecos o a alejarse para captar la tensión entre masa y vacío. En un edificio con tanta personalidad como Conde Duque, la exposición establece un juego entre las bóvedas, los muros y las esculturas, de manera que la arquitectura se convierte en parte activa del discurso expositivo. Ver a Chillida en este contexto urbano, lejos del paisaje marítimo con el que se le suele asociar, es también redescubrirlo.