Más de 100.000 conductores de la zona centro llevan dos décadas oyendo hablar de una gran autopista que les permitiría cruzar de una provincia a otra sin pelearse cada día con los atascos de Madrid. Esa carretera casi mítica tiene nombre técnico de M‑70 y, por primera vez en mucho tiempo, algo más que palabras: hay dinero comprometido, tramos en servicio y un calendario de pasos concretos que la acercan un poco más a hacerse realidad.
La M‑70 no es una nueva circunvalación urbana pegada a la capital, sino una supercircunvalación exterior pensada para rodear la Comunidad de Madrid a bastante distancia. El diseño la plantea como un gran pentágono de autovías gratuitas que conectaría directamente las seis grandes radiales nacionales –A‑1, A‑2, A‑3, A‑4, A‑5 y A‑6– sin que los vehículos tengan que acercarse al área metropolitana. Ese anillo pasaría por ciudades como Ávila, Segovia, Guadalajara, Tarancón, Ocaña, Toledo y Maqueda, convirtiéndose en una especie de cinturón logístico del centro peninsular.
Técnicamente, la M‑70 no se construye desde cero, sino que se arma sumando y conectando varias autovías ya existentes y algunos tramos nuevos: el eje vertebral sería la A‑40, completado por las autopistas AP‑51 y AP‑61 y la futura A‑28 (proyectada para unir Guadalajara y Cuenca, aún sin construir). Cada lado de ese pentágono lo formarían tramos enlazados de estas vías, de forma que el resultado final sea una gran circunvalación exterior de alta capacidad y uso gratuito.

La idea de esta superautopista se planteó por primera vez en 2005, bajo el nombre de supercircunvalación exterior de Madrid o Proyecto Pentágono, con el objetivo de facilitar los desplazamientos entre provincias limítrofes y aliviar la presión sobre la M‑40, M‑45, M‑50 y los accesos a la capital. La crisis económica de 2008, los recortes en obra pública y otros proyectos prioritarios dejaron el plan en un cajón durante casi veinte años, hasta el punto de convertirse en una especie de sueño para muchos conductores que lo veían mencionado, pero nunca arrancaba.
Durante ese tiempo sí se avanzó en algunos tramos sueltos, como partes de la A‑40 o los enlaces hacia Segovia y Ávila a través de la AP‑51 y AP‑61, pero sin un relato claro de conjunto.
El gran giro llega con la decisión de invertir 240 millones de euros en el enlace de la A‑40 entre Toledo y Ocaña, un tramo clave para cerrar el lado suroriental de ese pentágono y uno de los puntos que más estaban lastrando el proyecto. Esa inversión, ya comprometida por el Ministerio de Transportes, ha hecho que por primera vez hay una obra concreta vinculada directamente al sueño de la supercircunvalación.
Según los últimos datos, la conexión Segovia–Ávila está operativa a través de la AP‑51 y AP‑61, y en diciembre de 2025 se adjudicó la redacción de proyecto de un ramal clave dentro del tramo Toledo–Ocaña, lo que pone en marcha la maquinaria administrativa para su construcción. Además, Castilla‑La Mancha ha recuperado políticamente el término M‑70 al presentar este bypass de la A‑40 como desencadenante del conjunto, empujando el tema de nuevo a la agenda nacional.
La perspectiva es que 2026 será un año de avances administrativos y primeros movimientos de obra en este y otros tramos, de forma que, a medio plazo, se pueda ir cerrando el anillo por fases. No hay una fecha de inauguración global, no se abrirá de golpe como una autovía nueva, pero sí se dibuja una secuencia de hitos que, sumados, acercan la M‑70 a algo más que un titular.