En una de las zonas con mayor poder adquisitivo de Madrid, en un entorno residencial de casas bajas, ha saltado la crispación de los vecinos por la instalación de una torre de alta tensión de 47 metros de altura. En la Carrascosa, en La Moraleja (Alcobendas) la inquitedud de los residentes nace de la proximidad de la torre, a apenas 30 o 40 metros, a las viviendas más cercanas.
Esta infraestructura operada por Red Eléctrica ha movilizado tanto a los habitantes que el Ayuntamiento de Alcobendas ha aprobado una moción para solicitar formalmente su soterramiento o el alejamiento del trazado de la zona residencial.
La controversia gira en torno a los temores sanitarios que genera convivir tan cerca de un trazado eléctrico de gran envergadura. No obstante, desde el punto de vista regulatorio, la instalación cumple holgadamente con la normativa estatal de distancias de seguridad técnica, fijada entre los 5 y 7 metros para edificaciones habitadas. Asimismo, la normativa de la Unión Europea y las directrices de la Comisión Internacional de Protección contra Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP) establecen el límite de exposición para el público general en 100 microteslas para campos magnéticos de baja frecuencia (50 Hz), un umbral muy superior a los valores reales que habitualmente registran estas líneas.
Torres de tensión en La Moraleja

La preocupación vecinal se debe a la exposición continuada a largo plazo. Es cierto que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), dependiente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasifica a los campos magnéticos de muy baja frecuencia dentro del Grupo 2B («posiblemente carcinógeno para los humanos»). Esta categoría se debe a correlaciones estadísticas observadas en estudios epidemiológicos sobre leucemia infantil ante exposiciones continuas superiores a 0,3 o 0,4 microteslas. Sin embargo, la propia OMS aclara que no se ha demostrado una relación de causalidad biológica directa ni existe evidencia científica sólida que vincule estos campos con dolencias en adultos, como migrañas o trastornos del sueño.
Ante este panorama, los organismos internacionales sugieren aplicar el principio de precaución mediante un diseño prudente de las infraestructuras para mitigar la ansiedad social. Mientras la resolución del conflicto involucra a administraciones autonómicas y a la compañía eléctrica, la comunidad de La Moraleja mantiene su pulso para que la ingeniería y la planificación urbana prioricen el sosiego y el bienestar de las familias.