Hay restaurantes que son atractivos por su decoración, su ambiente, o por eso que ahora se define como la experiencia que venden; otros lo son por una carta exquisita, difícil de replicar; y hay unos pocos en los que es el nombre del chef lo que funciona como reclamo principal. StreetXO cuenta con todos estos alicientes, pero además tiene la particularidad de que no hace reservas así que solo puedes entrar si te animas a hacer la cola de la entrada.
Para sortear este pequeño inconveniente American Express ha creado Dining for Two con un menú exclusivo para titulares Platinum, Business Platinum y Centurion, en el que colabora con algunos de los restaurantes más exclusivos de la ciudad entre los que están Urrechu, Leña y por supuesto uno de los restaurantes más populares de Dabiz Muñoz.
Un menú pensado para compartir
El formato Dining for Two funciona casi como una sucesión de pases que llegan a la mesa a buen ritmo, pensados para compartir, alternando texturas crujientes y bocados más melosos, ácidos que despiertan la boca y casi siempre un toque picante. No hace falta estudiar la carta: te sientas, eliges cóctel y la cocina empieza a contar su historia.
El ambiente hace el resto, gracias a la cocina abierta, música alta y los camareros vestidos con la clásica camisa de fuerza que ya es un símbolo del grupo XO. No hay mantel ni cubertería de plata; aquí se viene a comer con las manos, y mancharse es casi parte asegurada de la experiencia.

Una mezcla digna de Dabiz Muñoz
En total, inclusive postre son 10 pases, pero el Tako de pulpo con parmesano es un plato que entra primero por los ojos, con una presentación muy pensada, casi teatral, y luego por la nariz, con ese aroma entre ahumado y lácteo que avisa de que lo que viene no es precisamente tímido. El pulpo, tierno y con el punto exacto de brasa, se apoya en una base cremosa de queso que aporta profundidad y un punto de grasa que envuelve el conjunto.
En el otro extremo del menú, el Crudo japo-mexicano de salmón con ponzu de pico de gallo y acompañado de un crujiente de nori y tapioca. Lejos del sashimi de libro; aquí el salmón llega cortado con mimo, con una grasa que se funde, y las algas aportan ese matiz salino y mineral que te coloca directamente frente al mar. Las salsas y aderezos cítricos levantan el conjunto sin tapar el producto.
Si hay un pase que pide repetir, es el bo ssam de panceta. Aquí StreetXO se pone abiertamente hedonista: panceta melosa, con la grasa bien trabajada para que sea placer y no pesadez, compañada de mejillones escabechados, además de las hojas o bases sobre las que montarte el bocado a tu gusto. Es de esos platos que obligan a mancharse un poco las manos y que convierten la mesa en un pequeño taller de ensamblaje.
Cócteles: del huevo de la Pedroche a la manzana con matcha
En StreetXO los cócteles no son un extra, son parte del relato. El célebre Huevo de la Pedroche sigue siendo uno de los más efectistas y se repetía en no pocas mesas. Es un cóctel pensado para la foto, pero también para quien disfruta de combinaciones dulces y ácidas.
Sin embargo, el que se queda grabado en la memoria es el cóctel de manzana y matcha. Frente a otras propuestas más barrocas, éste convence por equilibrio: la manzana aporta frescor y un punto ácido que despierta el paladar, mientras que el matcha introduce un amargor elegante y un fondo vegetal que alarga el trago.
Una experiencia cerrada que no se siente impostada
La gracia de este Dining for Two está en que, pese a nacer de una colaboración con American Express, no se percibe como un producto impostado. La secuencia de platos está bien hilada, los cócteles encajan con la propuesta y el protagonismo real lo tienen la cocina, el equipo de sala y el ambiente único de StreetXO.
Al final de la noche, la sensación es la de haber asistido a una función completa: entrada, nudo y desenlace en forma de bocado crujiente o de último sorbo verde de manzana y matcha. Y la certeza de que, en esta barra madrileña que mira a Asia, América Latina y a todo lo que se le ponga por delante, pocas cosas hay más divertidas que dejarse llevar por un menú pensado para dos… aunque salgas con la impresión de que, en realidad, habéis sido tres: tú, tu acompañante y la cocina, conspirando juntos durante un par de horas.