Sanchinarro es uno de los barrios más deseados para vivir de la periferia madrileña, tanto como para que fuera el lugar donde más subió el precio del alquiler en 2025. Pero algo con lo que no cuentan sus recién llegados vecinos es un problema de circulación que lleva arrastrando meses.
El puente que conecta Sanchinarro con la M‑40 se ha convertido en un símbolo de frustración vecinal: una obra anunciada como una intervención rápida sobre el tablero, desmontado en noviembre “para unos días” y convertida hoy en un paisaje de vallas, maquinaria inmóvil y desvíos permanentes.
El Ministerio de Transportes declaró la actuación como obra de emergencia para reparar y sustituir el tablero del paso superior, tras detectar daños estructurales que obligaban a cortar el tráfico sobre la estructura y a cerrar la M‑40 a la altura del kilómetro 2 en varios fines de semana de noviembre. El plan era claro: desmontar el tablero deteriorado en dos fases, rehabilitar pilas y estribos y colocar después una nueva estructura, concentrando los cortes más duros entre el 8 y el 16 de noviembre para minimizar el impacto sobre la circulación. Sin embargo, una vez ejecutados los desmontajes y reabierta la autovía, el entorno del puente ha quedado como una especie de “obra fantasma”: accesos clausurados, túnel cerrado y un solar de obras donde, según denuncian los vecinos, apenas se ve actividad.
Las quejas vecinales por falta de información
Para el barrio, el “misterio” no es tanto técnico como comunicativo; ya se sabe que el tablero antiguo fue retirado y que la estructura necesita una rehabilitación profunda, pero no hay un calendario público detallado que explique cuándo se colocará el nuevo tablero ni en qué punto exacto se encuentran los trabajos.
Mientras tanto, Sanchinarro vive atrapado en una ratonera de tráfico. El acceso directo a la M‑40 sentido norte está cerrado desde octubre, los vehículos se ven obligados a usar itinerarios alternativos por Niceto Alcalá Zamora, Santo Domingo de la Calzada y Camino de Santiago, y cualquier incidencia en hora punta colapsa las salidas del barrio.
Asociaciones vecinales y usuarios del entorno denuncian que, tras el despliegue inicial de grúas y cortes espectaculares en la M‑40, la obra ha entrado en una fase opaca, sin apenas maquinaria trabajando a la vista y sin explicaciones claras sobre los retrasos, más allá de las genéricas referencias a la complejidad técnica de la intervención. En la práctica, la conexión de Sanchinarro con el resto de la ciudad depende ahora de rutas más largas y congestionadas, mientras el puente sigue siendo un desierto de hormigón y ferralla que recuerda cada día a los conductores aquella promesa de “parar solo dos semanas” que nunca llegó a cumplirse.