En octubre de 1992, Isabel Preysler abrió las puertas de la casa a la que acababa de trasladarse con Miguel Boyer para un extenso reportaje de ¡Hola! La publicación mostró sus estancias habitación por habitación y despertó tal expectación que El País se hizo eco el 30 de octubre: contabilizó 36 fotografías y describió una residencia de 1.370 metros cuadrados útiles, con piscina cubierta y pista de pádel. Las imágenes permitían conocer desde el dormitorio principal, donde había un grabado de Picasso, hasta el despacho de Preysler y los espacios de sus hijos. Aquel recorrido convirtió a la mansión en uno de los escenarios más reconocibles de la prensa del corazón.
La casa se encuentra en el entorno de Puerta de Hierro, al noroeste de Madrid, una de las zonas más privilegiadas de la capital, y ocupa una parcela de algo más de 5.000 metros cuadrados. Su interior es todo lo que podrías imaginar de una socialité del nivel de Preysler, aunque la decoración ha ido evolucionando con los años, cuando se fotografió por primera vez tenía un estilo más inglés con colores y estampados combinados en casi todas las habitaciones, ahora el beige ha ido ganando terreno, en cualquier caso el esqueleto de la casa no ha cambiado: grandes ventanales, chimeneas, salones y mucha madera y mármol.
Piscina cubierta y piscina al aire libre

Pero no son sus salones, ni la extensa biblioteca lo que suele destacar entre tanta fastuosidad, sino el pabellón de la piscina cubierta y climatizada, rodeado de cristaleras que dejan entrar luz natural y abren las vistas hacia el jardín. Más que una zona exclusivamente deportiva, funciona como otro salón, pero junto al agua, con sillones de mimbre y muebles de aire colonial. En el exterior hay otra piscina, rodeada de césped, hamacas y árboles, además de porches acondicionados como salas de estar al aire libre.
Pero ninguna de estas prestaciones ha alcanzado la notoriedad de sus baños, responsables del apodo «Villa Meona». Aunque la cifra no está del todo clara, porque algunas fuentes hablan de trece y otras elevan el recuento a catorce al incluir los aseos, lo cierto es que el número es sorprendente. Entre piscinas, pista de pádel y dependencias familiares, la casa ha mantenido durante décadas su fama de residencia excepcional. Las estimaciones sitúan su valor de mercado entre nueve y más de diez millones de euros, sin que esas cantidades constituyan un precio de venta anunciado ni una tasación independiente publicada.