A menos de dos horas de Madrid, entre viñedos y campos dorados está en Olmedo (Valladolid), que cuenta con un antiguo convento mudéjar del siglo XII reconvertido en hotel-balneario, que ahora sirve como refugio termal donde el tiempo parece ir más lento y donde las aguas llevan siglos escribiendo su propia leyenda.
El balneario de Olmedo ocupa el antiguo convento de Sancti Spiritus, un edificio de muros gruesos, arcos de ladrillo y claustros silenciosos que hoy es un hotel de cuatro estrellas lleno de luz y comodidades. Pasear por sus pasillos es moverse entre dos tiempos: el de las monjas que habitaron el convento y el de los viajeros que llegan con albornoz y chanclas en busca de calma. Las habitaciones se reparten entre la parte histórica y dos edificios de arquitectura contemporánea, integrados con respeto y sin estridencias. Muchas se abren a jardines cuidados, con cipreses, rosales y rincones perfectos para leer, charlar o simplemente no hacer nada.
El corazón del complejo es el gran claustro, hoy transformado en un spa en el que el ladrillo visto, las bóvedas y la piedra conviven con el cristal y el agua caliente. Es aquí donde uno entiende por qué tantos comparan Olmedo con un paisaje italiano: la luz que entra por los ventanales, las sombras alargadas al atardecer y el mar verde de viñas y campos que rodea el pueblo crean una estampa castellana.
Aguas termales con historia romana

Las aguas termales de Olmedo son conocidas desde época romana y han sido utilizadas durante siglos por sus supuestas propiedades curativas. Surgen del manantial de Sancti Spiritus y se clasifican como mineromedicinales, de mineralización fuerte y ricas en sales, algo que se nota en el tacto sedoso que dejan en la piel y en la sensación de flotabilidad. Los médicos balnearios las recomiendan especialmente para combatir el estrés, afecciones musculares, problemas articulares y ciertas patologías dermatológicas.
Por eso, aquí no se viene solo a “darse un baño”: la idea es seguir un pequeño ritual. Primero, un paseo lento por las distintas zonas de agua; después, reposo en tumbonas calientes o en una sala de relax; y, muy importante, no ducharse justo al salir para que los minerales sigan actuando sobre la piel.
Piscinas termales y circuito de contrastes
El balneario está organizado en torno a una gran piscina termal, con zonas de hidromasaje, chorros cervicales, jets para la espalda y las piernas, camas de burbujas y pequeños jacuzzis integrados. El agua se mantiene a una temperatura confortable, pensada para permanecer largos ratos sin notar frío ni calor extremos. Desde la lámina interior se puede salir al exterior, donde una piscina termal al aire libre permite bañarse mientras se respira el aire fresco de la Tierra de Pinares, incluso en pleno invierno.
Junto a esta piscina principal, el circuito de contrastes multiplica las sensaciones: pediluvios para activar la circulación de las piernas, duchas de diferentes chorros y temperaturas, piscinas de agua más fría para tonificar y espacios de vapor o calor seco que completan la experiencia. El diseño juega todo el rato con el legado mudéjar del convento y sus patios, galerías y rincones semicubiertos que invitan a moverse sin prisa, casi como si se recorriera un pequeño pueblo dentro del propio balneario.
Turismo y vinos en plena D.O. Rueda

El balneario está enclavado en plena Denominación de Origen Rueda, tierra de vinos blancos frescos y aromáticos, elaborados sobre todo con la uva verdejo. El restaurante del hotel trabaja una cocina de mercado que combina platos tradicionales castellanos —asados, legumbres, guisos de cuchara— con propuestas más ligeras pensadas para quienes buscan mantener el espíritu saludable de la escapada.
Parte del encanto de este balneario está en lo que lo rodea. Olmedo es una pequeña localidad castellana de calles tranquilas, iglesias de ladrillo y plazas en las que aún se ve la vida de pueblo: gente que se saluda, terrazas con tapas sencillas, tiendas clásicas. Además del balneario, el reclamo más conocido es el Parque Temático del Mudéjar, un espacio al aire libre con maquetas a escala de monumentos mudéjares de Castilla y León que suele fascinar tanto a adultos como a niños.