La chispa ha saltado en la etapa más frágil del sistema educativo madrileño. Las educadoras de las escuelas infantiles de 0 a 3 años han iniciado una huelga indefinida en toda la Comunidad de Madrid para denunciar que sostienen la primera infancia con ratios imposibles, sueldos congelados y una sobrecarga de trabajo y burocracia que, advierten, “pone en riesgo la calidad de la atención y el futuro del sector”.
El paro afecta a todos los centros que imparten el primer ciclo de Educación Infantil (0‑3 años): escuelas públicas de gestión directa, centros de gestión indirecta (concertados mediante concesión) y guarderías privadas adheridas al sistema de cheques o plazas subvencionadas. La convocatoria parte de la Plataforma Laboral de Escuelas Infantiles (PLEI) y del sindicato CGT, que han llamado a una huelga indefinida desde este 7 de abril; UGT ha convocado una jornada de paro de 24 horas y CCOO respalda las movilizaciones.
La Comunidad de Madrid ha fijado servicios mínimos con la presencia obligatoria de un director por centro y al menos un maestro o educador por cada 12 bebés y 18 niños de hasta 2 años, además de mantener comedor y limpieza en las escuelas que los tengan. Los convocantes califican estos mínimos de “abusivos” porque, en la práctica, dificultan que el cierre sea visible y descargan parte de la presión sobre las plantillas que sí acuden a trabajar.
“No guardamos, educamos”: las ratios en el centro del conflicto

Si hay un punto que se repite en todas las pancartas es el de las ratios: cuántos niños puede atender una sola educadora. Las organizadoras recuerdan que, con los decretos de mínimos de la Comunidad de Madrid, la realidad diaria es esta:
- 1 educadora por cada 8 bebés (0‑1 año).
- 1 educadora por 13‑14 niños de 1‑2 años.
- 1 educadora por 20 niños de 2‑3 años.
La PLEI reclama una bajada drástica de las ratios, alineada con los estándares de atención temprana que manejan los expertos en primera infancia:
- 3 bebés por educadora.
- 5 niños de 1‑2 años por educadora.
- 6 niños de 2‑3 años por educadora.
El objetivo, insisten, es pasar de un modelo de “macro‑aulas” donde se sobrevive a base de oficio, a un sistema en el que la atención individualizada, el vínculo y el juego tengan el tiempo que requieren en una etapa clave del desarrollo cognitivo y emocional.
Salarios que no suben: el otro gran frente
La segunda gran batalla es el salario. La mayoría de las escuelas infantiles de 0‑3 en Madrid funcionan bajo gestión indirecta: la administración encarga el servicio a empresas privadas mediante concursos públicos (pliegos), que fijan el precio por plaza y los márgenes con los que luego se pagan sueldos y gastos.
En 2025 se firmó un nuevo convenio del sector que mejoraba las tablas salariales, pero las trabajadoras denuncian que estas subidas no se están aplicando en la red madrileña porque los pliegos en vigor no recogen esos costes actualizados. En la práctica el salario base real apenas ha pasado de unos 1.210 a 1.221 euros, por las subidas legales del SMI. El convenio situaría ese salario base por encima de 1.400 euros, pero esa mejora no llega porque la subida del SMI “absorbe” complementos y pluses ya existentes.
Además de más salario fijo, el colectivo pide:
- Complementos específicos (toxicidad, responsabilidad, tutoría, etc.).
- 5 horas semanales no lectivas para preparar clases y documentación, como en el tramo 3‑6.
- Reconocimiento pleno de su categoría profesional docente, y no como personal asistencial o administrativo.
- Un calendario laboral equiparable al del resto de etapas educativas.
Entre tanto, muchas familias se encuentran atrapadas en medio sin alternativa clara de conciliación y obligadas a reorganizar trabajos, abuelos y turnos mientras dura el conflicto. Las educadoras admiten el golpe, pero reivindican que la mejora de ratios y salarios no es solo una cuestión laboral, sino una inversión directa en la calidad de la educación y el cuidado que reciben los niños en sus primeros tres años de vida.