La floración no tiene fechas fijas, por eso la Quinta de los Molinos vuelve a ser, un año más, el termómetro más fotogénico de la primavera madrileña, y este 2026 llega con un matiz importante: la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) insiste en que, si quieres ver los almendros en su mejor momento, hay que mirar al cielo… y al calendario. Según los estudios fenológicos del organismo, en las últimas décadas se ha detectado una tendencia clara en el centro de la península al adelanto de la primavera en muchas especies, como los almendros. Por efecto del cambio climático cada vez brotan antes y la ventana para disfrutar de la floración se acorta. En un año “normal”, explican, las primeras flores asoman en torno a la primera semana de febrero y el gran estallido blanco y rosa suele concentrarse entre finales de febrero y los primeros días de marzo, aunque todo depende de cómo se comporten las temperaturas de enero y febrero.
Este año, tras unas semanas de frío y lluvia que han retrasado ligeramente el proceso, los técnicos apuntan a un calendario bastante concreto: los primeros capullos empezaron a abrirse a comienzos de febrero y el momento álgido de la floración se espera ahora, entre finales de febrero y la primera semana de marzo, siempre que no llegue una nueva racha de temporales que tiren la flor antes de tiempo. Aemet recuerda que la floración de los almendros es “un espectáculo tan breve como intenso”. En condiciones favorables, el parque luce en su máximo esplendor durante unos 15 días, si se encadenan días de viento, lluvia o calor inusual, ese plazo puede recortarse a poco más de una semana.
Las flores que indican el cambio climático en Madrid

Los meteorólogos insisten además en que no basta con fijarse en una fecha fija de calendario, la clave está en seguir la evolución del tiempo. Años con inviernos suaves, llenos de días templados, adelantan la floración varios días respecto a la media, mientras que inviernos fríos, con heladas y temporales como Filomena en 2021, tienden a retrasarla hasta bien entrado febrero o incluso marzo.
Esa sensibilidad extrema a la temperatura explica por qué Aemet usa la floración de los almendros como indicador del cambio climático. En sus registros, las primeras flores tienden a adelantarse respecto a la “fecha tipo” de principios de febrero y, al mismo tiempo, se reduce la duración del proceso completo. En términos prácticos, esto significa que escenas que antes se disfrutaban cómodamente durante tres semanas hoy se concentran en apenas diez o quince días, y que perder el pico de floración por unos días es cada vez más fácil si se apura demasiado la visita.
Para el visitante, la recomendación es por un lado, estar atento a los avisos y notas de Aemet y del Ayuntamiento, que suelen señalar cuándo arranca el “hanami madrileño” y cuándo se espera el máximo de floración; por otro, aprovechar las primeras jornadas de tiempo estable tras los anuncios de que “ya están floreciendo”. Cualquier momento del día es bueno para pasear entre almendros (el parque abre de 6.30 a 22.00), pero las primeras horas de la mañana y el atardecer son ideales para evitar aglomeraciones y disfrutar del parque en calma.