La Comunidad de Madrid acaba de dar un paso clave para multiplicar, literalmente, su gran pulmón verde. El Gobierno regional ha aprobado solicitar la ampliación del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama en 1.601 hectáreas, hasta rozar las 34.000, lo que lo situará prácticamente a la escala de la Casa de Campo madrileña en términos de superficie protegida. El objetivo, en palabras del Ejecutivo, es “bajar la naturaleza a todos los madrileños”, es decir, acercar los espacios de alto valor ecológico a la vida cotidiana de una región donde casi la mitad del territorio ya está amparado por alguna figura de protección.
La propuesta, que se enmarca en la declaración de 2026 como Año del Medio Ambiente, supondría incrementar un 7,4% la superficie protegida del parque en su vertiente madrileña, sumando nuevos montes, pastizales y masas forestales de alto valor, y elevando el total hasta las 33.960 hectáreas. No se trata solo de dibujar una mancha verde más grande en el mapa: la ampliación busca reforzar la diversidad de ecosistemas, mejorar la conectividad ecológica con otros espacios protegidos como los parques regionales de la Cuenca Alta del Manzanares o del Curso Medio del Guadarrama y, al mismo tiempo, repartir mejor los más de 2,5 millones de visitantes que recibe cada año este entorno, aliviando la presión sobre las zonas más saturadas.
Madrid Forestal: la renaturalización de la región

El plan llega acompañado de una inversión de 160 millones de euros dentro del programa Madrid Forestal, el nuevo plan de impulso al sector forestal que la Comunidad desplegará entre 2026 y 2030 para mejorar arbolado y vegetación, reforzar la prevención de incendios y renaturalizar espacios periurbanos. La idea es que la gran naturaleza de la región no se quede solo en las cumbres de Peñalara o en los valles más remotos, sino que vaya “bajando” hacia municipios, áreas metropolitanas y corredores verdes conectados con la capital, en paralelo a proyectos como el Bosque Metropolitano impulsado por el Ayuntamiento.
Si la ampliación recibe el visto bueno del Organismo Autónomo de Parques Nacionales, el Guadarrama dará un salto de escala que lo consolidará como una de las grandes reservas de biodiversidad del centro peninsular, con una superficie equiparable (en dimensión total protegida) a la de la Casa de Campo multiplicada por veinte. Para los madrileños, la traducción práctica es clara: más sendas señalizadas, más terreno protegido frente a la urbanización y una red de espacios verdes que, al crecer y conectarse entre sí, acerca un poco más la naturaleza a la puerta de casa. Y para la región, un mensaje político y ambiental en plena crisis climática: el futuro de Madrid también se juega en sus bosques y en la capacidad de convertirlos en un patrimonio compartido y accesible.