Bajo el ruido constante de la M-30, entre el tráfico que rodea Madrid y un paso subterráneo de Puerta de Hierro, se esconde uno de los templos más insólitos de la capital. La capilla de Santo Domingo de la Calzada, conocida popularmente como la Capilla del Puente, ocupa el interior de un túnel de 35 metros construido bajo la autovía.
A simple vista, cuesta imaginar que detrás de una entrada discreta en el entorno de la avenida de Fuentelarreyna haya un lugar de culto que todavía sigue funcionando. Pero en efecto, en este este espacio abovedado, sin apenas luz natural y con el aspecto austero de una catacumba contemporánea, todavía se celebran misas cada día.
Nació como una solución provisional
Su historia comenzó en los años setenta, cuando la zona de Fuentelarreina se encontraba en expansión y el vecindario necesitaba un espacio para celebrar los oficios religiosos. Se aprovechó entonces un túnel que había quedado bajo la actual M-30 para instalar temporalmente la parroquia del Bautismo del Señor.
La primera misa se celebró el 19 de diciembre de 1976 y el templo fue consagrado poco después. La capilla quedó establecida definitivamente en el túnel en torno a 1977 y 1978.
Con el tiempo, la parroquia del Bautismo del Señor se trasladó a una nueva sede. Sin embargo, los vecinos quisieron mantener abierto aquel singular espacio bajo la carretera. Así nació la actual capilla de Santo Domingo de la Calzada, que no pertenece a una orden religiosa concreta y permanece vinculada a la parroquia del Bautismo del Señor.
El templo sobrevivió a las filtraciones

La capilla no siempre tuvo el aspecto actual. El principal desafío de ocupar un túnel bajo una gran vía de circulación ha sido el agua: durante años, las filtraciones llegaron a afectar al interior cada vez que llovía.
El templo fue transformado en 2013 para resolver esos problemas de impermeabilización y adaptar mejor el espacio. La reforma mantuvo el carácter de la bóveda y la peculiar configuración del lugar, pero mejoró la protección frente a la humedad que amenazaba el uso cotidiano de la capilla.
Aún hoy, entrar allí sigue produciendo una sensación extraña: sobre la bóveda pasan miles de vehículos al día, mientras en el interior se mantiene el silencio de un lugar destinado a la oración y el recogimiento.