Cada primavera, cuando el frío se retira del todo de la sierra norte, los alrededores de Robledillo de la Jara se tiñen de blanco. No es nieve tardía, sino una floración masiva de jaras y otros arbustos de flor blanca que, entre mayo y junio, convierten las laderas y caminos en un paisaje casi luminoso, como si alguien hubiera espolvoreado pétalos sobre el monte. En este rincón de la Sierra del Rincón, a apenas una hora de Madrid, hay una ruta de senderismo sencilla que permite disfrutar de ese espectáculo natural sin necesidad de ser un montañero experto: un paseo circular, bien señalizado, que suma vistas al embalse, robledales, matorral en flor y el encanto rural de un pueblo pequeño que vive de espaldas a las prisas de la capital.
Robledillo de la Jara aparece al final de una carretera que se va estrechando a medida que se deja atrás la A-1 y se entra en el paisaje de embalses (El Atazar, El Vado) y colinas suaves. El pueblo, de casas de piedra y teja, es el punto de partida perfecto para una ruta que muchos describen como sencilla pero muy agradecida, de caminos anchos, desniveles suaves y constantes vistas abiertas hacia los montes vecinos. Las jaras pringosas y otras especies de cistus se reparte por los claros entre robles y encinas, bordeando las pistas y cubriendo laderas enteras, de modo que cualquier foto que se haga en el camino tiene casi siempre ese toque de primavera intensa: arbustos blancos en primer plano, azules de cielo y verdes de fondo.
Una ruta entre la jarra salvaje

La ruta más habitual arranca junto a la entrada del pueblo y se adentra en un paisaje mixto de pastos, pequeños bosquetes y matorral mediterráneo que aquí, a algo más de 1.000 metros de altitud, encuentra un clima ideal. No es un sendero muy técnico, está pensado para familias, grupos de amigos y caminantes ocasionales que quieran sumar unas dos o tres horas de paseo, con tiempo para pararse a mirar, hacer fotos o simplemente sentarse a escuchar el silencio roto por algún cencerro lejano. A mitad de camino, los claros permiten ver el embalse y las cumbres más lejanas, mientras el suelo se llena retamas, tomillos en flor y otras pequeñas plantas que añaden manchas amarillas y moradas. Eso só, hay que tener en cuenta que es el tipo de paisaje que cambia rápido: una semana antes, los arbustos están aún tímidos; unas semanas después, el calor empieza a marchitar los pétalos.
Al terminar la ruta, Robledillo de la Jara ofrece el contrapunto urbano gracias a sus calles tranquilas, alguna fuente, una iglesia pequeña y, si hay suerte, un bar donde rematar la jornada con una bebida fresca o un café mirando al valle. Muchos aprovechan la escapada para combinar la ruta con una parada en otros pueblos cercanos de la Sierra del Rincón o para bordear alguno de los grandes embalses de la zona en coche, encadenando miradores y pequeñas paradas.