La nueva estación de Bernabéu encara su recta final y, con ella, llega por fin un respiro a uno de los grandes cuellos de botella del Paseo de la Castellana: la plaza de Lima recuperará el tráfico este mes, después de más de un año de vallas, desvíos y cambios de carril por las obras. Es el punto de inflexión de una reforma profunda que ha obligado a levantar literalmente la plaza para construir, bajo sus pies, una de las estaciones más grandes y modernas de toda la red de Metro de Madrid.
Las obras comenzaron en febrero de 2024 con el objetivo de pasar de una estación según la Comunidad de Madrid «angosta» y con pasillos en caverna a un gran vestíbulo central que permita ver, casi de un golpe de vista, los niveles intermedios y los propios andenes. En la práctica, la superficie de la estación se triplicará, de unos 4.800 metros cuadrados a más de 12.400, con andenes ensanchados y recorridos más directos entre la calle, los tornos y los trenes de la línea 10. Este rediseño busca absorber mejor las avalanchas de público en los días de partido y conciertos en el nuevo estadio del Real Madrid, pero también mejorar el día a día de los miles de viajeros que usan Bernabéu como una parada más de su rutina.
Una obra faraónica para una estción de Metro

Para lograrlo ha sido necesario abrir un enorme “cráter” en superficie, ocupar buena parte de la plaza de Lima y alterar carriles centrales de Castellana, con desvíos constantes de tráfico y cambios en los pasos peatonales. La buena noticia es que esa fase está a punto de terminar: la cimentación profunda y la losa de cubierta, que permitirá reponer el viario, se encuentran en su tramo final y la previsión es que, a lo largo de este mes, la plaza recupere su configuración casi habitual, con una circulación mucho más fluida en sentido norte‑sur. Seguirán viéndose obras, pero el impacto para conductores y autobuses será menor, porque la mayor parte de los trabajos se trasladará al subsuelo, a la propia “caverna” de la antigua estación que debe integrarse en el nuevo volumen.
Mientras arriba se normaliza el tráfico, bajo tierra empieza la fase más delicada: la demolición de la antigua caverna de la estación y su absorción por la nueva estructura. Este proceso obligará a cortar la línea 10 en el entorno de Bernabéu durante varios meses, dividiéndola en dos tramos (Hospital Infanta Sofía–Cuzco y Nuevos Ministerios–Puerta del Sur) y sustituyendo el tramo intermedio con un servicio especial de autobuses. El calendario que manejan la Comunidad de Madrid y Metro sitúa estos cortes entre primavera y otoño, en una ventana de tiempo en la que se concentrarán las intervenciones de mayor riesgo técnico dentro de la estación.
La recompensa al final de este proceso será una estación completamente accesible y alineada con la nueva imagen del estadio. El proyecto incluye la instalación de 12 ascensores panorámicos y 24 escaleras mecánicas, que garantizarán itinerarios sin barreras desde la calle hasta el andén, además de un nuevo vestíbulo con tornos y máquinas de venta de última generación. La decoración incorporará referencias al Real Madrid y a sus hitos históricos, con la idea de que el propio recorrido por la estación funcione también como antesala del estadio en los días de partido.