Con el buen tiempo y los largos días primaverales, la sierra madrileña se convierte en un lugar perfecto para pasear, rodeado de praderas verdes, flores silvestres y arroyos llenos de agua. A tan solo 1 hora de Madrid, la ruta del Puente de la Angostura permite disfrutar a niños y mayores de un bosque de cuento en plena Sierra de Guadarrama.
El trayecto ronda los 6 kilómetros y permite recorrer a pie el arroyo de la Angostura, llegar hasta la Presa del Pradillo y, finalmente, al majestuoso puente que da nombre a la ruta. La construcción fue encargada por Felipe II, para que pudiese llegar con su carruaje desde su residencia en la Granja de San Ildefonso hasta el monasterio de El Paular.
Ahora, el puente se ha convertido en un atractivo turístico y senderista, ideal para disfrutar de la naturaleza y hacer fotos. La vegetación que lo rodea le da un carácter muy romántico y es un plan que puede hacerse con niños o acompañado de perros.
Puentes, arroyos y una presa

Este enclave natural está situado en el término municipal de Rascafría, al noroeste del centro de Madrid. En concreto, se encuentra dentro del Valle del Lozoya, conocido por albergar otros muchos paisajes de la Sierra de Guadarrama.
El camino comienza en el área recreativa de la Isla, cuyo restaurante sirve de punto de partida. La mejor forma de llegar es en coche, conduciendo hasta el kilómetro 32 de la M-604, donde los vehículos pueden estacionar.
A continuación, la senda recorre el margen derecho del arroyo de la Angostura y atravesando varios puentes, que permiten ver el agua cristalina en su propio entorno natural. Siguiendo las marcas de los senderos PR y las balizas R.V.-1 es fácil seguir el trayecto hasta llegar a la Presa del Pradillo, donde el agua se precipita con fuerza.
Un puente histórico inscrito en la naturaleza

A continuación, el sendero se vuelve más estrecho y serpentea entre el bosque a lo largo de unos 2 kilómetros y medio, repleto de rosas y otras flores silvestres que añaden color al entorno.
Así, la ruta desemboca en el esperado Puente de la Angostura, un momento histórico que se encaja en un pequeño cañón de granito. Destaca especialmente el agua que transcurre bajo su ojo y el musgo que recurre la piedra, envolviéndolo por completo en la naturaleza.
Para volver al punto de partida basta con cruzar el puente y repetir la ruta en sentido inverso, en esta ocasión por el lado izquierdo del arroyo, siguiendo un sendero más ancho y cómodo. El paisaje se repite y mantiene su esplendor, propio del Valle del Lozoya durante la primavera.