El Palacio del Capricho, una de las joyas menos conocidas del patrimonio madrileño, tiene fecha para volver a recibir visitas: el Ayuntamiento ha adelantado su apertura al público a otoño de 2026, varios meses antes de lo previsto inicialmente para comienzos de 2027.
El histórico edificio, situado en la Alameda de Osuna (distrito de Barajas), culmina así una rehabilitación integral y un proyecto museográfico que han supuesto una inversión de más de 9 millones de euros, y se prepara para convertirse en un nuevo espacio cultural dentro del que probablemente sea el parque más singular de Madrid.
Un palacio-museo en el corazón de El Capricho

El Capricho es un jardín histórico, artístico y Bien de Interés Cultural levantado a finales del siglo XVIII por María Josefa Alonso Pimentel, duquesa de Osuna, como escenario de ocio, arte y vida intelectual. Entre templetes, casitas, un búnker de la Guerra Civil y un trazado que mezcla jardín francés, inglés e italiano, el palacio ha sido hasta ahora el gran ausente del recorrido: cerrado durante años y en obras para convertirse en el futuro Museo de la Duquesa.
Con la reapertura adelantada a otoño de 2026, el edificio se integrará por fin en la experiencia de visita al parque, permitiendo conocer mejor la figura de la duquesa de Osuna y el papel que este enclave jugó en el Madrid ilustrado. El proyecto museográfico busca precisamente contar la historia del lugar, de sus fiestas y tertulias, del gusto por la arquitectura pintoresca y del viaje que el propio jardín propone en cada paseo.
El parque más “caprichoso”: solo fines de semana
Parte del encanto de El Capricho está en que no se visita como un parque cualquiera. Al ser un jardín histórico de máximo grado de protección, su acceso está limitado: solo abre sábados, domingos y festivos, en horario de mañana y tarde, y permanece cerrado el resto de la semana. Del 1 de abril al 30 de septiembre, el horario es de 9:00 a 21:00; del 1 de octubre al 31 de marzo, de 9:00 a 18:30.
Otra peculiaridad de El Capricho es que aquí las normas son estrictas. El reglamento del jardín establece que no se puede jugar a la pelota, no está permitido comer dentro (adiós a la idea de picnic) y se prohíbe el acceso con bicicletas o patines. Pero la regla que más sorprende a muchos visitantes es la prohibición total de entrada de animales, incluidos los perros incluso si van atados.