En el barrio de Delicias, la respuesta a la concentración de palomas tiene profesión específica: cetrería. Un cetrero ha empezado a trabajar en el barrio con vuelos de halcón para dispersar a las aves que desde hace años ocupan cornisas, tejados, aceras y accesos a edificios. La imagen resume bien el cambio de escenario: donde antes se repetían las bandadas, ahora aparece una rapaz entrenada que altera esa rutina y empuja a las palomas a abandonar la zona.
La intervención llega después de un problema sostenido en el tiempo. En 2024, Telemadrid recogió las quejas de vecinos y padres del colegio Nuestra Señora de las Delicias, que denunciaban la presencia constante de palomas en el entorno del centro. El foco estaba en la suciedad acumulada en la calle y en la fachada, además de en la preocupación por la salud y la convivencia diaria. Dos años después, el barrio ha encontrado una salida en un oficio antiguo que hoy vuelve a ganar espacio en la ciudad –y que ya se puso en marcha en su día en la Puerta de Alcalá.
Un oficio que trabaja con el comportamiento de las aves
El trabajo del cetrero consiste en coordinar vuelos disuasorios con aves rapaces adiestradas. El objetivo es generar una amenaza reconocible para las palomas y romper su sensación de seguridad. El fin no es el de capturarlas, sino el de de modificar sus hábitos, impedir que se asienten en los mismos puntos y reducir su presencia en las zonas más afectadas.
El cetrero conoce los horarios de entrada de las bandadas, detecta las cubiertas que usan como apoyo y repite los vuelos en los lugares donde las aves se concentran. Cada salida del halcón forma parte de esa estrategia.
La cetrería, como comentábamos más arriba, ya se ha utilizado en Madrid en espacios como la Puerta de Alcalá para proteger el patrimonio del impacto de los excrementos. En Delicias, esa misma lógica se traslada al tejido vecinal y a la vida cotidiana del barrio.