La ola de calor que acaba de cruzar Europa entera solo es un pequeño aperitivo de una realidad cada vez más palpable. Según los cálculos de AXA Climate, Madrid se encuentra ante un escenario climático que no tiene precedentes recientes: si las emisiones de CO2 siguen la trayectoria actual, las temperaturas máximas podrían subir entre 5,2 y 5,5 grados de aquí a 2050, hasta acercar el clima de la ciudad al que hoy tiene Marrakech. Esa subida no solo implicaría veranos más largos e insoportables, sino un impacto directo sobre la economía, la salud y los recursos hídricos que, podría recortar hasta un 16,4% del PIB per cápita madrileño solo por el efecto del calor sobre la actividad económica.
El informe Cuidar el presente, proteger el mañana: adaptación climática de la ciudad de Madrid, elaborado por AXA Climate y presentado por Fundación AXA, señala el calor extremo como el principal riesgo al que se enfrenta la capital en las próximas décadas. De mantenerse la tendencia actual, la ciudad podría registrar más de dos meses al año con sensación térmica por encima de 33 grados, con olas de calor que durarían el doble que ahora: 55 días más de temperaturas muy altas y 62 noches cálidas adicionales cada año.
Ese calor no se quedaría en una molestia veraniega. El estudio advierte de que incrementa el riesgo de accidentes laborales en torno a un 17%, hasta el punto de que una subida de 4 grados puede traducirse en la pérdida de media jornada laboral semanal por trabajador expuesto, y calcula que España podría perder unos 7.700 empleos de aquí a 2030 por la caída de productividad asociada al calor extremo.
Una factura económica y humana muy alta

En términos económicos, AXA Climate cifra en hasta un 16,4% la pérdida potencial de PIB per cápita en la Comunidad de Madrid atribuible únicamente al impacto del calor sobre la actividad. Europa es el continente que más rápido se está calentando, con un aumento medio de 2,5 grados, y España ya acumula incrementos de casi 1,7 grados y más de 20.000 millones de euros en pérdidas ligadas a riesgos climáticos en la última década.
La factura humana tampoco es menor: en un escenario extremo, y si no se aplican políticas adicionales de adaptación, la ciudad de Madrid podría registrar hasta 68.000 muertes extra de aquí a 2050 asociadas al calor extremo. La autora del informe subraya, sin embargo, que esa cifra podría reducirse casi catorce veces con medidas eficaces de adaptación, lo que convierte la acción política y urbana en un factor decisivo.
Agua al límite: estrés hídrico y embalses en riesgo
El documento pone el foco también en el agua. Madrid ya vive una situación de estrés hídrico y las previsiones indican que se agravará: cada vez llueve menos y la lluvia se concentra en episodios más irregulares, lo que dificulta la recarga de embalses clave como Valmayor o El Atazar. .
Si la tendencia actual continúa, la demanda podría pasar de ser tres veces superior al recurso disponible, como es ahora, a multiplicarlo hasta 4,5 veces en 2050, reduciendo al mínimo el margen de seguridad del sistema de abastecimiento. Además, el informe alerta de que esa presión se concentra sobre todo entre julio y octubre, haciendo a Madrid especialmente vulnerable a periodos largos de escasez en pleno verano y principios de otoño.
Lluvias más raras, pero más peligrosas
Paradójicamente, mientras el agua escasea en términos anuales, cuando llueve lo hace con más fuerza. El estudio señala que las precipitaciones serán menos frecuentes pero más intensas y concentradas, lo que disparará el riesgo de inundaciones repentinas y episodios extremos. Hasta 2050, Madrid seguirá expuesta sobre todo a inundaciones urbanas causadas por lluvias torrenciales que saturan en minutos el alcantarillado, y, en menor medida, a desbordamientos de ríos como el Manzanares, el Jarama, el Guadarrama, el Henares o el Alberche.
Esta combinación de sequías más largas, embalses con menos margen y chaparrones más violentos, sitúa a la ciudad en un escenario de «montaña rusa hídrica”, en el que la gestión del agua (desde el consumo doméstico hasta el diseño de infraestructuras verdes) se vuelve crítica para minimizar daños.
El estudio se apoya en indicadores climáticos propios de AXA validados por el IPCC y afinados a escala local mediante técnicas de downscaling, lo que da solidez a las proyecciones aunque, como toda previsión, dependen de cómo evolucionen realmente las emisiones y las políticas en los próximos años.