En su taller de Cuatro Caminos, el sastre Mario Vidal corta y cose a mano los trajes que hace a media para sus clientes. Lejos del traje de oficina, ese que venden ya hecho, aunque se le hagan unos ajustes posteriores, Vidal diseña para dandis, lo que el define como tener swag: «El que viene a comprárselo simplemente para ir a trabajar, de esos no tengo», afirma al mostrar sus creaciones.
Vidal, quien se considera el sastre con taller propio más joven de España, comenzó su carrera en el diseño de moda urbana. Sin embargo, un encargo específico lo introdujo en el mundo de la indumentaria histórica, llevándole a confeccionar trajes inspirados en los siglos XVII al XX. Ahora que a ido perfeccionando el traje actual, su objetivo es crear prendas del siglo XXII, buscando un estilo con una silueta moderna que respete firmemente las líneas maestras de la sastrería clásica.
Una formación intensiva de 16 horas diarias
El proceso para dominar el oficio de sastre suele requerir una década de aprendizaje, pero Vidal asegura haberlo completado en la mitad de tiempo dedicando dobles jornadas de hasta 16 horas diarias a la aguja y las tijeras. Su instrucción comenzó en una academia de moda antes de trasladarse a Galicia para formarse con el sastre Alejandro Freire. Tras esa etapa, regresó a su casa, donde pasó tres años investigando patrones a través de internet y libros antiguos, y cosiendo de forma autodidacta.
Posteriormente, se instaló en Granada para ejercer como cortador, el paso previo a su ingreso en la Academia de Sastrería. Esta entidad está vinculada a la Asociación de Sastres de la Confianza, la agrupación del sector más antigua de España, fundada en 1865. Allí interiorizó la parte técnica y más física que rigen cada trazo sobre la tela, obteniendo la base necesaria para modificar los patrones con seguridad y salirse de lo que dictan los manuales tradicionales.
Matemáticas aplicadas a la tela
La confección de un traje a medida exige una precisión absoluta, un trabajo que Vidal compara con resolver problemas de matemáticas de manera constante. Sobre la mesa de corte, el sastre utiliza reglas y fórmulas para dividir el cuerpo, calculando las medidas a partir del contorno de pecho y ajustando el «drop», que marca la diferencia anatómica entre el pecho y la cintura. Al mantener las proporciones exactas y los aplomos clásicos de la prenda, consigue que la estructura interna funcione perfectamente, lo que le permite experimentar con total libertad en el diseño exterior.
A pesar del rigor técnico que requiere el patronaje, Vidal se reserva espacio para realizar añadidos artesanales que no aportan ninguna función estructural a la ropa. Incorpora sobrehilados a mano en los bordes interiores de los pantalones y pespuntes decorativos ocultos en las chaquetas simplemente porque le divierte, aunque reconoce que lo hace «porque le llena». Para el sastre, dedicar horas a estos pequeños detalles superfluos es la mejor forma de disfrutar de su oficio y asegurarse de que cada pieza que sale del taller le resulte personalmente satisfactoria.