En una calle tranquila de Chamartín, lejos de las rutas turísticas habituales, se esconde un trozo espiritual de Grecia. La Catedral Ortodoxa Griega de los Santos Andrés y Demetrio, en la calle Nicaragua 12, parece por fuera una iglesia sencilla, pero al cruzar la puerta el visitante se encuentra con un interior bizantino deslumbrante: frescos pintados por artistas griegos, iconos dorados y lámparas de aceite que convierten el templo en un viaje directo a Atenas o Tesalónica sin salir de Madrid.
La presencia ortodoxa griega en Madrid arranca a finales del siglo XIX, pero la actual parroquia se consolidó en 1949 y la catedral comenzó a levantarse en 1971, inaugurándose en 1973; en 2006 recibió oficialmente el rango de catedral dentro de la jurisdicción del Patriarcado de Constantinopla. Dedicada a San Andrés el Apóstol y San Demetrio de Tesalónica, la iglesia sirve hoy como sede de la diócesis ortodoxa griega y punto de encuentro para fieles procedentes de Grecia, los Balcanes y Rusia, además de madrileños curiosos que descubren aquí una liturgia y una estética muy distintas a las de las parroquias católicas de la ciudad.
Exteriormente, la catedral presenta una torre campanario y un volumen de ladrillo y piedra inspirado en la arquitectura bizantina contemporánea, sin estridencias pero con detalles, arcos, cúpulas discretas, cruz ortodoxa, que ya anuncian su singularidad. Fue también escenario reciente de un momento histórico: aquí se celebró el responso por la princesa Irene de Grecia, hermana de la reina Sofía, lo que reforzó su visibilidad mediática, seguido de algunos vídeos en redes sociales redescubriendo su belleza.
Un interior bizantino en Madrid
Lo que convierte a esta catedral en una joya casi secreta es su interior. Nada más entrar, la mirada se eleva hacia una sucesión de frescos y mosaicos que recubren paredes y bóvedas con escenas de la Biblia, de la vida de Cristo, de la Virgen y de los santos, en una paleta donde mandan el azul intenso, el rojo carmesí y el oro. Muchas de estas pinturas fueron realizadas por artistas griegos utilizando técnicas tradicionales, incluida la mezcla de pigmentos con clara de huevo, un detalle que se explica en las visitas guiadas y que refuerza la sensación de estar ante un pedazo auténtico de arte bizantino.
En el centro visual del templo destaca el iconostasio, una gran estructura de madera tallada que separa el altar del resto de la nave y que se cubre de iconos dispuestos en franjas horizontales: Cristo Pantocrátor, la Virgen con el Niño, escenas de la Pasión, figuras de apóstoles y mártires conforman una muralla de imágenes característica del rito ortodoxo. A sus pies cuelgan lámparas de aceite y candelabros metálicos que, encendidos durante la liturgia, bañan de destellos dorados el conjunto y acentúan la atmósfera sobrenatural del espacio.
Entrar a la catedral es gratuito, cualquier persona puede acceder durante el horario de apertura y pasear en silencio por la nave, siempre respetando el carácter religioso del lugar. Para quienes quieren profundizar más, la comunidad ofrece visitas guiadas en castellano que explican la historia del templo, el significado de los iconos y los detalles técnicos de los frescos; estas visitas requieren reserva previa por correo electrónico o WhatsApp y se financian con un pequeño donativo (entre 3 y 6 euros).
Según la información difundida por la propia catedral y el Ayuntamiento de Madrid, el templo abre de martes a sábado aproximadamente de 8:30 a 20:30, con la liturgia principal los domingos a las 13:00, cuando se celebra misa en griego y, en ocasiones, también en ucraniano.