👉 Psicólogos y Psicólogas Sin Fronteras ha puesto en marcha un programa de ayuda a distancia llamado «Respira y calma» orientado a enseñar técnicas de relajación para prevenir crisis de ansiedad.
Un peligro invisible nos ha recluido en casa por tiempo indefinido. Como en la primera página de una novela distópica, sabemos de dónde venimos pero no a dónde vamos. El futuro alborota nuestra imaginación en un vicio obsesivo que nos atrapa porque la psique humana no está preparada para asumir un encierro prolongado.
Durante estas semanas la única certeza ha sido la incertidumbre, nuestra leal e indeseable compañera de cuarentena. Entonces, ¿qué está pasando en nuestras cabezas? Y, sobre todo, ¿qué nos pasará cuando todo esto pase?
Las ocho fases psicológicas de una pandemia

La psicología moderna carece de un modelo específico para abordar esta cuarentena colectiva, básicamente porque no se ha producido ningún otro confinamiento global en toda la Historia. La falta de precedentes juega en nuestra contra.
Aun así, en este caso los árboles sí nos permiten ver el bosque: las fases psicológicas en situaciones de emergencia sirven para entender qué está ocurriendo en nuestra mente y hacer predicciones sobre lo que vendrá después.
José María Toribio coordina el área de ayuda humanitaria de Psicólogos y Psicólogas Sin Fronteras, dedicada a ofrecer atención psicológica en situaciones de emergencia, como terremotos, huracanes e inundaciones. Aunque es la primera vez en veinte años de carrera que se topa con un confinamiento masivo y sin fecha de vuelta a la normalidad, su experiencia en catástrofes despeja algunas incógnitas sobre lo que estamos viviendo.
Según la explicación de José María Toribio, estas son las ocho fases psicológicas de una pandemia que está atravesando la sociedad en su conjunto.
1. Calma
Este es el momento de normalidad en el que se encontraba el mundo antes de la aparición del nuevo coronavirus.
2. Amenaza o alerta
Primero se difundió la noticia: una cepa desconocida del coronavirus había aparecido en China. Un problema que nos resultaba lejano fue colándose poco a poco en nuestras vidas: se registraron los primeros casos de Covid-19 en España, el número de infectados empezó a crecer y las instituciones adoptaron medidas progresivas hasta que se decretó el estado de alarma que nos mantiene en casa desde hace un mes.
3. Impacto
En las catástrofes naturales que acostumbran a ver los psicólogos, la amenaza (el terremoto, el huracán…) dura unos días o una semana, a lo sumo. La pandemia del coronavirus se asemeja más a un conflicto armado, porque la alerta se mantiene durante más tiempo. Esta es la fase en la que nos encontramos ahora.
4. Post-impacto
El experto determina que estamos a medio camino entre el impacto y el post-impacto. En otro tipo de emergencias esta etapa comenzaría cuando la gente siente que el peligro empieza a alejarse.
En nuestro caso estamos a merced de los datos, y la percepción de la amenaza fluctúa según la evolución de los contagios y las muertes, un recuento que, como hemos visto, no es lineal ni admite previsiones amplias. De ahí que estemos en un punto intermedio entre la tercera y la cuarta fase.
Durante el post-impacto afloran la solidaridad y el altruismo, pero se corre el riesgo de que el desgaste y el cansancio calen en la población. Para prevenir este efecto es necesario que existan apoyos y recursos gubernamentales como, por ejemplo, la asistencia a domicilio a las personas mayores.
Actualmente estamos a medio camino entre el impacto y el post-impacto.
5. Incertidumbre
Terminado el post-impacto anticiparemos con entusiasmo de la vuelta a la normalidad, pero poco después la ansiedad dará paso a la tristeza y la ira: una vez superado el peligro, nos permitiremos caer en la cuenta de todo lo que hemos perdido durante la crisis sanitaria (puestos de trabajo, cierre de negocios, familiares fallecidos, etcétera). Todavía faltarán meses para recuperar cierta normalidad.
6. Organización
Cuando asimilemos el impacto que habrá tenido el coronavirus en nuestras vidas, trabajaremos por retomar nuestro día a día. La normalidad y la alegría se restablecerán poco a poco, en la medida de lo posible. Veremos cómo, por ejemplo, las primeras fiestas colectivas que se organicen nos darán un espacio para celebrar que el peligro haya pasado.
7. Reconstrucción
Esta etapa consistirá en reponer lo que hayamos perdido por culpa de la pandemia. Podremos volver a disfrutar de eventos lúdicos como los de antes, pero también habrá que esforzarse por paliar los estragos del coronavirus en la economía, en el sistema sanitario y en otros ámbitos comunitarios.
8. Memoria histórica
La última fase se dará un año después del estallido de esta crisis, un hito difícil de ubicar en nuestro calendario, ya que tendremos que determinar la fecha en la que comenzó la emergencia (¿El primer caso detectado en China? ¿El inicio del estado de alarma?). La sociedad mirará atrás y aprenderá de su experiencia.
Un estado de alerta que fatiga la mente

Hace un mes que vivimos de puertas hacia dentro, con la existencia enclaustrada entre paréntesis, mientras desde los balcones esperamos al unísono a que el mundo gire de nuevo. Los días se diluyen, se mezclan, y se recomponen en un limbo apelmazado que cuesta digerir.
«Nuestro sistema de alerta no está hecho para durar mucho», explica el psicólogo José María Toribio. La mente tiene un mecanismo de respuesta que nos protege de las amenazas inmediatas. Es lo que nos impulsa a correr si el semáforo se pone en rojo cuando cruzamos la calle. El sistema tiene un límite: la cabeza no sabe qué hacer con los peligros que se mantienen en el tiempo.
El estado de alerta nos proporciona un chute de energía diseñado para remitir en cuanto el peligro desaparece. Pero si la amenaza persiste, nuestra respuesta también, y eso termina por agotarnos.
La cabeza no sabe qué hacer con los peligros prolongados en el tiempo.
La química cerebral es la razón por la que muchas personas están pasando el encierro con un subidón de energía permanente que necesitan canalizar en clases de yoga online o sesiones intensivas de repostería. Toribio advierte que deberíamos bajar el ritmo y racionar nuestras reservas de energía, a riesgo de quemarnos y caer en la frustración.
Cuando esto pasa «nuestra capacidad de afrontar la situación se pierde», dice el experto. «Si dormimos peor, estamos cansados, y todo lo que venga nuevo nos supera». El instinto nos empuja a reaccionar, pero tenemos que aprender a frenarnos. «Hay que buscar espacios de descanso y tiempos para nosotros», recomienda.
Solidaridad y cuidados para sobrevivir al confinamiento
La ansiedad se ha generalizado desde que se decretó el estado de alarma. Junto a este sentimiento, la tristeza y el duelo son las emociones más frecuentes que Toribio y su equipo han detectado durante estos días de encierro.
El extra de energía que nos manda el cuerpo cuando está en estado de alerta propicia la proliferación de acciones colectivas para pasar el confinamiento. Algunas nuevas costumbres como hacer videollamadas en grupo y aplaudir en los balcones actúan como un bálsamo mental porque estimulan el carácter social de nuestra especie. Es decir, nos conectan con los demás.
Algunas pautas para cuidar nuestra mente en el confinamiento pasan precisamente, por apoyar iniciativas sociales y buscar el apoyo del grupo (poniendo límites razonables a las videollamadas para no acabar hartos de nuestros seres queridos). También es bueno planificar los días, reservar momentos para nosotros mismos, hacer ejercicio físico y controlar la información a la que nos exponemos para no alimentar nuestro sistema de alerta.
Aun así, la hiperactividad no es obligatoria durante la cuarentena. Hacer abdominales en el salón, reorganizar el armario o ponerse al día con las lecturas pendientes son formas de aprovechar el encierro en casa, pero no hace falta exprimir cada minuto. Eso sí: la desgana continua y el insomnio son indicios que señalan la necesidad de buscar apoyo psicológico.

El panorama no es tan negro como algunos lo pintan. El psicólogo tumba el mito según el cual el ser humano se vuelve egoísta en situaciones extraordinarias. Todo lo contrario: la solidaridad se impone en los momentos difíciles, tal y como hemos comprobado en las últimas semanas. «El ser humano es un ser social: lo primero que hace es buscar a los suyos», asegura Toribio. Los actos de unión y altruismo de estos días así lo demuestran.
Los apoyos comunitarios y los recursos gubernamentales son esenciales para que el ánimo resista durante la cuarentena. Los cuidados psicológicos, además, serán la herramienta clave para adaptarnos a la nueva realidad que nos espera el día que, por fin, volvamos a salir de casa.
👉 Psicólogos y Psicólogas Sin Fronteras ha puesto en marcha un programa de ayuda a distancia llamado «Respira y calma» orientado a enseñar técnicas de relajación para prevenir crisis de ansiedad.
Foto de portada: Priscilla Du Preez (Unsplash)