Aunque seas castizo de pura cepa y te conozcas la Gran Vía como la palma de tu mano, siempre hay un plan pendiente que hacer en Madrid. Da igual que sepas de memoria los cuadros del Museo del Prado (o no lo hayas vuelto a pisar desde las excursiones del colegio), a veces necesitas ayuda para saber qué hacer típicamente made in Madrid.
Puede que hayas hecho alguna más de una vez, quién se resiste a un bocata de calamares, pero otras quizás no te suenen tanto o incluso las tengas apuntadas en tu lista de planes, es el momento de llevarlos a cabo. Aquí esas 50 cosas que hay que hacer en Madrid.
Conocer la Puerta de Alcalá

Porque más allá de las canciones que se le han dedicado, es un icono casi desde que se construyó (1778) y ha pasado de ser una de las cinco puertas originales que daban acceso a la ciudad a estar en el centro de ella. En 2023 estuvo en restauración, pero ya está de vuelta y más reluciente que nunca.
Pasear por el Retiro

Todas las grandes ciudades tienen un parque céntrico, pero pocos pueden presumir de tener dos palacios (el de Velázquez y de Cristal) o de tener uno con su antigüedad: es del siglo XVII.
Ver el Palacio Real

Si tienes tiempo es una buena oportunidad para ver las exposiciones temporales que suelen ser de grandes artistas pictóricos. Y una oportunidad, claro, de visitar las impresionantes cocinas.
Tomar las uvas en la Puerta del Sol

«Entre gritos y pitos, los españolitos, enormes, bajitos, hacemos por una vez algo a la vez». Como bien dice la letra de Mecano, esa euforia compartida es la mejor manera de empezar el año.

Viajar, culinariamente hablando, es tan fácil como subir la calle Leganitos o justo en la parte trasera del edificio España, donde descubrirás tanto los platos asiáticos sin occidentalizar como los más sorprendentes.
El templo de Debod

Digno de los mejores museos en Madrid, podemos disfrutarlo de forma gratuita y sin colas previas. Además, las vistas de la cornisa del Manzanares desde el parque son las mejores.
La primavera en la Quinta de los Molinos

La fecha exacta varía cada año pero desde mediados de febrero se pueden empezar a ver las florecillas. Suele durar unas tres semanas, así que en cuanto empieza hay que ir a verlo.
Mañana de domingo en El Rastro

La oferta de mercadillos en Madrid es cada vez más extensa y variada, pero El Rastro es y seguirá siendo el primero de todos.
Un clásico muy discutido: el bocata de calamares

Madrid no tiene mar, pero no nos faltan pescados y mariscos, de hecho, es la lonja más grande de España. Así se explica que el bocata de calamares sea parte crucial de la gastronomía madrileña, además de por su sencillez y precio. No hay sándwich que lo supere.
Trasnochar en el Teatro Eslava

Y no saber cómo ni cuándo saliste. Salir de fiesta hasta que amanece en esta ciudad es tradición popular y se trasmite de generación en generación.
Visitar la finca de Vista Alegre

En el barrio de Vista Alegre en Carabanchel está uno de los jardines históricos más grandes de la ciudad, que además rodea un palacio. Esta finca es la única que sobrevive de cuando esta zona de Madrid se convirtió en un lugar de recreo y descanso para nobles y burgueses en el siglo XVIII.
Comer en el barrio chino de Usera

Usera es el barrio español con más población de origen chino y se engalana cada año para recibir el Año Nuevo Chino. Desfiles, propuestas gastronómicas, decoración específica y mucho más. El resto del año además, tiene algunos de los restaurantes chinos más autenticos de la ciudad.
Tarde de relax en la Casa de Campo

El plan perfecto para cuando llega el buen tiempo y anochece tarde, además podrás ver a los piragüistas jugar al kayak-polo si tienes suerte.

Una de las pinacotecas más importantes del mundo y estrella cultural de la ciudad, antes o después hay que recorrer el Prado. Pero no puedes irte si ver su gran icono: Las Meninas de Velázquez, canción y esculturas (poco queridas por los madrileños) mediante, siempre hay un detalle nuevo que observar en esta obra maestra.
Fin de semana en la sierra

Todo buen dominguero madrileño se leventa pronto una mañana de fin de semana (preferieblemente de invierno) para ir a hacer una ruta por «la sierra». Este concepto difuso suele referise a dar un paseo por la sierra de Guadarrama y acabar comiendo algún asado en un restaurante de montaña.
Descubrir el Campo del Moro

Especialmente en otoño. Es uno de los jardines más románticos de la ciudad y los pabellones del siglo XIX y el Chalé de la Reina son de lo más misterioso. También puede que te cruces con alguno de los pavos reales que viven allí.
Crecer en Cortylandia

Incluso si no te gustan los tumultos de gente, esperar a que empiece Cortylandia en Navidad y ver las caras de ilusión de los niños o recordar cuando te llevaban de pequeño no tiene desperdicio.
Un libro de la Cuesta de Moyano

Esas míticas casetas azules se merecen una visita de vez en cuando. Con un siglo de vida (se instauraron en la cuesta en 1925) estas pequeñas librerías son ya parte del paisaje castizo más típico. Alguna de ellas también compra libros.
Pisar el Km 0

Puede que lo llegues a pisar un día sin darte cuenta andando deprisa, ya sea porque intentas esquivar turistas despistados o porque llueve, pero es una parada obligatoria si pasas por la puerta del Sol. Además, ahora está envuelto en una rosa de los vientos que incluye los nombres de las capitales de provincia y las ciudades autónomas del país.
Un dulce de La Mallorquina

¿Cualquiera? Sí, el que más te apetezca. Si lleva desde el siglo XIX siendo un éxito es por algo. Aunque tienen especial fama sus napolitanas de chocolate y sus palmeras. Merece la pena esperar si hay cola.
Comer unas buenas Bravas

Esta tapa es típica de Madrid, y aunque la puedes comer en cualquier parte de España… las originales son de aquí.
Atravesar la Gran Vía

Podríamos decir que esta calle tiene dos vidas, la de las aceras y la de los tejados. Y hay que conocer ambas. Especialmente cuando Gran Vía está abarrotada de gente, descubrir el cielo madrileño desde sus terrazas te hará sentir privilegiado.
Concierto a la luz de las velas de Candlelight

Los conciertos Candlelight son míticos por algo. Y en el caso de Madrid, son una manera de conocer la capital de una manera diferente. Lugares emblemáticos como el Círculo de Bellas Artes, el Four Seasons Hotel o el Ateneo (entre muchas otras ubicaciones) se llenan de miles de velas por una noche para disfrutar de la música en directo de intérpretes profesionales. Seas melómano o simplemente amante de los planes distintos, ir a uno de estos conciertos hay que hacerlo (mínimo) una vez en la vida madrileña.
Ver un musical en la Gran Vía

El del Rey León lleva tantos años que es difícil no haberlo visto, pero en la Gran Vía madrileña, que tiene poco que envidiarle a Broadway en Nueva York, siempre hay nuevos estrenos de musicales para todos los públicos.
Tarde de piscina de Casa de Campo

A los madrileños nos encantan las piscinas, porque además tenemos un agua buenísima en el que bañarnos, casi no echamos en falta la playa. Casi.
Observar el Guernica

Con este cuadro pasa al contrario que La Mona Lisa en el Louvre de París, con el Guernica te sorprende lo inmenso que es y que no hay un tumulto enorme de gente intentando verlo.
Domingo en La Latina

Saber alternar entre tapa y cerveza es también cultura popular. Para los madrileños los bares son un tema fundamental y más en un barrio tan castizo.
Comer fresas en Aranjuez (y ver el palacio)

Los reyes, desde Felipe II, pasaban la primavera en Aranjuez por varios motivos: su majestuoso palacio, bordeado por el Tajo, el esplendor de sus jardines, una temperatura siempre unos grados más cálida que la del resto de Madrid y por supuesto, sus exquisitas fresas. Ahora no hace falta ser de rancio abolengo para hacer el mismo plan. Puedes ir hasta allí en el Tren de la Fresa.
Bailar en San Isidro

Comer, beber y bailar casi como si estuvieras en un pueblo, pero con un toque chulapo y al final del día tienes olor a gallinejas. Al menos hay que vivir una vez el 15 de mayo en Madrid.
Desayunar chocolate con churros
No sabemos si cura la resaca, pero que deja el cuerpo perfecto para irte a la cama está demostrado por generaciones de madrileños.
Parque de Atracciones de Madrid

No son las grandes atracciones, es una mezcla de emoción y tradición. Las vistas de la Casa de Campo e incluso de la ciudad son muy buenas en lo alto de algunas de ellas.
Ver el atardecer en las Siete Tetas de Vallecas

Vallecas, como pueblo anexionado a Madrid que es, tiene unos rasgos identitarios que solo se encuentran en algunas localidades. Y las famosas Siete Tetas tienen una magia que no se encuentra en muchos otros sitios de la ciudad. Vallecas tiene su propio casco histórico, estadio, equipo de fútbol… No le falta nada.

Tienen menos detractores que las gallinejas y generalmente antes de pedirlas al centro en una mesa es necesario generar consenso. No importa. Hay que probarlas una, dos y tres veces.
Probar las rosquilla de San Isidro

Las Listas o las Tontas no son las más conocidas ni las más sabrosas, pero el madrileño hace orgullo de todo lo que sea de aquí. Casi solo tendrás la oportunidad de probarlas durante San Isidro.
Hacerte una foto con la osa y el madroño

Aunque cada tanto tiempo cambia ligeramente de ubicación, siempre está en Sol, así que no hay pérdida. Y sí, hay madroños en Madrid. Osos no.
Tomar un yayo en Casa Camacho

Es fácil perderse entre tanto moderno en Malasaña, pero los clásicos no se pueden sustituir, y aunque parezca abarrotado, prueba a entrar: te harán hueco.
Ir a las verbenas castizas de agosto

Cuando Madrid se vacía en verano saca a relucir su lado más castizo y de pueblo con la celebración de las verbenas de San Lorenzo, San Cayetano y, por supuesto, La Paloma (en torno al 7 y el 15 de agosto). Las calles se engalanan con decoraciones de papel y mantones y las zonas de El Rastro, Embajadores, Lavapiés y La Latina se convierten en escenario de actuaciones musicales, actos religiosos, bailes regionales, degustaciones y mucho más.
Comprar barquillos a un chulapo

«Son de coco y valen poco; son de menta y alimenta», cantan los barquilleros, que cada vez son menos pero todavía sobreviven a los tiempos de cafés de especialidad y magdalenas prefabricadas.

Patinar en el Retiro

Patinar en el Retiro (posibles lluvias, gente paseando apaciblemente…) puede ser un reto, pero para eso están los retos: para superarlos.

La foto a Cibeles y el principio de la calle Alcalá esquina con Gran Vía es una de las mejores, también puedes aprovechar para tomarte algo en la terraza mientras disfrutas de las vistas.

Aunque su fama no deja de aumentar en los últimos años, es uno de los parques menos conocidos y vas a quedar bien seguro. Eso sí, ten en cuenta que solo abre los sábados, domingos y festivos y con diferentes horarios durante primavera-verano y otoño-invierno.

Son muchos los restaurantes donde puedes comer un cocido, pero si tienes suerte y te invita algún castizo auténtico a su casa aprovecha la oportunidad.

Cada año una o como mucho dos, es una tradición que te obliga a volver para ir completando la escena. A ser posible todas del mismo tamaño.

Es de primero de turista, pero de verdad que puede quedar muy bien desde alguno de los pasos de cebra (sin ponerte en peligro).

Pararse a ver a la gente bailar desde las plantas de arriba es una experiencia que todo madrileño o visitante debe llevar a cabo.

Madrid es la ciudad de los espectáculos teatrales: tiene obras clásicas y contemporáneas que se pueden disfrutar en salas históricas como las del Teatro Español, fundado en 1583, o en las de Gran Vía, el pequeño Broadway madrileño que atrae a miles de turistas cada mes.
Jardín botánico de la estación Atocha

Justo antes de irte de Madrid. ¿Quién no se ha hecho una foto aquí como preámbulo de un viaje en tren desde esa mítica estación?
Matadero

En un mismo recinto hay cine, exposiciones, restaurantes, cursos y todo tipo de actividades para adultos y niños, además de algún que otro mercadillo en fin de semana. El Matadero es el gran centro de ocio alternativo del sur de la capital.
Vestirse de chulapa o de chulapo

Y hacerlo bien, los madrileños somos poco pejigueros con nuestras tradiciones, pero nuestras abuelas guardan como oro en paño los mantones de Manila y hay que aprovecharlos. Ahora además el Ayuntamiento regala los patrones para poder hacértelo a medida.