Con seis embarcaciones por banda (y varios cañones de salva) viento en popa a toda vela, reabre el Museo de las Falúas Reales de Aranjuez. Este peculiar edificio vuelve a abrir sus puertas tras nueve meses de trabajos y de restauración de las propias embarcaciones con objeto de mostrarlas «en condiciones óptimas de estabilidad y lectura histórica», en palabras de Patrimonio Nacional. La entrada para este curioso museo, ubicado en el Jardín del Príncipe y próximo al Embarcadero Real, se incluye en la propia entrada general del Palacio de Aranjuez.
Los estanques y los ríos eran más que lugares protagonistas de escenas bucólicas y escapadas campestres de la monarquía. Eran parte indispensable del ocio y vida social de la corte. Así, tal y como se hacía en la Antigua Roma, funcionaban como escenarios de festejos, fastos, fiestas y recreaciones de batallas navales (naumaquias). Para ello, servían estas embarcaciones tan ricas en detalles, tan exuberantes en su decoración.
Este espacio museístico, que hoy guarda seis falúas, nació a finales del siglo XIX pero su futuro no está aquí: en 2027 dará comienzo la construcción de un nuevo museo que mirará (todavía más) al Tajo «donde las falúas podrán contemplarse en su contexto natural, el lugar para el que fueron concebidas», como indica la nota de Patrimonio Nacional, y que pretende abrir sus puertas en 2028.

Hasta entonces, podemos disfrutar de la góndola dorada de Carlos II (encargada en Nápoles en el año 1683), la embarcación más antigua de la exposición y que Patrimonio Nacional denomina como «más espectacular».
También la falúa de Carlos IV, construida en el puerto de Cartagena y reconocida por sus motivos heráldicos. O la embarcación de recreo de Fernando VII, no exenta de chisme, ya que se construyó para María Isabel de Braganza (segunda esposa de Fernando VII) pero acabó siendo usada por María Cristina de Borbón (cuarta y última esposa del rey).
Le sigue la canoa de madera de caoba de Isabel II (una embarcación ferrolana de 1859 y que fue usada por Alfonso XII en la Casa de Campo), otra embarcación de la misma reina, obra de José Tuduri de la Torre con la dedicatoria «Mahón a su Reina». Y, para rematar, la falúa más reciente, la de Alfonso XII, que regaló la ciudad de Ferrol en 1879 y que el monarca empleó y paseó en sus veranos por San Sebastián.