El Museo Sorolla se prepara para reabrir tras dos años de paréntesis y vuelve a reclamar su lugar como uno de los espacios más especiales de Madrid, hasta el punto de haber sido señalado como visita imprescindible por medios internacionales como el New York Times.
La ciudad recupera así una de sus casas-museo más queridas, un lugar donde no solo se ven cuadros, sino que se entra literalmente en la vida y el taller de Joaquín Sorolla.
Dos años de cierre para ponerlo al día

Aún no hay un fecha fijada de apertura lo que si ha comunicado del Ayuntamiento de Madrid es que se hará este año. El cierre desde 2024 ha tenido como objetivo garantizar que el museo llegue en buena forma al futuro sin perder su carácter. Detrás de las puertas cerradas se han acometido trabajos de conservación de la estructura, mejoras en instalaciones (climatización, iluminación, seguridad) y tareas de restauración en espacios delicados, tanto arquitectónicos como expositivos.
Las obras, según la información oficial, eran absolutamente necesarias en una casa-museo de principios del siglo XX. Actualizar sistemas, controlar humedades, revisar cubiertas o adaptar recorridos para que sean más accesibles permite que los cuadros y el propio edificio se conserven mejor, y que el público pueda disfrutar de la visita con más comodidad, sin perder la sensación de estar entrando en un hogar.
Qué se volverá a encontrar el visitante
Con la reapertura, volverá el Sorolla reconocible: las grandes escenas de playa con niños corriendo entre olas y velas, los retratos de su familia, los jardines bañados de sol, las escenas de trabajo y fiesta en el Mediterráneo. Esa combinación de pintura luminosa y contexto íntimo es justo lo que hizo que el New York Times lo señalara en su momento como un lugar imprescindible en Madrid: pocas veces se ve de forma tan directa cómo trabajaba un artista, cómo miraba y cómo vivía.
Más allá de la colección permanente, es previsible que el museo retome también la programación de exposiciones temporales pequeñas, centradas en aspectos concretos de su obra (dibujos, apuntes, viajes, encargos internacionales) o en el diálogo entre Sorolla y otros artistas de su tiempo. Y, por supuesto, volverán los talleres, las visitas guiadas y las actividades educativas que habían hecho del museo un espacio muy apreciado por familias, escuelas y amantes del arte.
Para muchos, el primer flechazo con el Museo Sorolla no llega en una sala, sino en el jardín. Ese conjunto de patios inspirados en la Alhambra y en los jardines andaluces, con estanques, fuentes, azulejos y vegetación frondosa, convierte la entrada en una pequeña escapada dentro de la ciudad. Es un lugar para sentarse en un banco, escuchar el agua y sentir que el ruido de Madrid se queda al otro lado del muro.