Anna Weyant (Calgary, 1995) va a hacer este verano en Madrid su primera exposición monográfica en un museo. Vendía dibujos sobre una toalla de playa en 2019; en 2022 ya subastaban sus cuadros por más de un millón de dólares. Lo que hay entre medias es parte de la leyenda, o del algoritmo. También es la historia de cómo una pintora con estética barroca y alma gótica ha sabido moverse en el paisaje artístico global. Ahora, con apenas 30 años, aterriza en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza con su primera exposición monográfica en un museo.
La muestra, comisariada por Guillermo Solana, está abierta del 15 de julio al 12 de octubre de 2025 y forma parte del ciclo dedicado a la colección de Blanca y Borja Thyssen. Weyant presenta 26 obras recientes, entre lienzos y papel, en un montaje que pone sus cuadros en diálogo directo con piezas históricas de la colección permanente. Ahí están Balthus, Magritte o Mattia Preti, en un cruce de miradas que potencia la carga simbólica y el eco oscuro de su pintura.
La figura de Anna Weyant

Porque eso es lo que hace Weyant: pintar lo inquietante desde lo figurativo, lo íntimo desde una distancia calculada. Sus personajes parecen salidas de un sueño estancado. Hay en ellos algo de surrealismo filtrado por la cultura pop americana, algo de Hopper, algo de los memes tristes de Tumblr. La crítica especializada la ha relacionado también con el Barroco, con el arte de entreguerras y con una clara lectura e influencia feminista.
La exposición no se entiende tampoco sin el contexto: Weyant es la artista más joven en haber fichado por Gagosian, megagalería de referencia. Hace poco pintó a Kaia Gerber para la portada de Vogue y ya forma parte del ecosistema celebrity del arte. Lo que viene a Madrid, en ese sentido, es un nombre que suena y una obra que intriga.