Algunos grandes del arte contemporáneo, entre los que están Banksy, Basquiat y Keith Haring, comparten pared en plena Plaza de Castilla desde hoy hasta el 3 de mayo. La Fundación Canal acaba de inaugurar Arte urbano. De los orígenes a Banksy, una exposición gratuita que repasa medio siglo de grafiti y street art a través de más de sesenta obras originales de los nombres que han convertido las paredes en el gran lienzo del siglo XXI.
La muestra reúne piezas de SEEN, Crash, Blek le Rat, JR, Invader, Os Gêmeos, Shepard Fairey/OBEY, Vhils y, por supuesto, Banksy, además de una potente representación de artistas españoles como SUSO33, El Xupet Negre o PichiAvo. En total, más de sesenta obras originales que incluyen lienzos, serigrafías, collages, esculturas, fotografías intervenidas y soportes propios de la cultura urbana, pensados para mostrar cómo el gesto rápido del aerosol se ha traducido en formatos de museo sin perder toda su carga política y poética. La selección funciona como un “quién es quién” del arte urbano internacional, con piezas que rara vez se ven juntas en Madrid.
Un recorrido en cinco etapas (más una sala Banksy)
El discurso expositivo se organiza en cinco etapas históricas, desde las primeras prácticas de autoafirmación ligadas al grafiti hasta la sofisticación de técnicas y discursos actuales. Primero aparecen las firmas y tags del Nueva York de los 60 y 70, los trenes pintados, la cultura hip hop y el grafiti como grito de identidad en barrios invisibles; después llegan los años 80, con Basquiat y Haring saltando de la calle a la galería y demostrando que el arte urbano también podía colgarse en un museo. El recorrido avanza hacia la expansión global del street art, la irrupción de plantillas y esténciles, la dimensión activista y las nuevas generaciones que utilizan la ciudad como espacio de crítica, memoria o juego.
A estas cinco secciones se suma un apartado monográfico dedicado a Banksy, que funciona casi como pequeña exposición dentro de la exposición. Aquí se repasan algunas de sus imágenes más reconocibles (niñas con globos, ratas, policías besándose, manifestantes que lanzan ramos de flores) y se analiza cómo un artista anónimo ha conseguido convertir cada intervención en un acontecimiento mediático global, cambiando para siempre la relación entre arte, redes sociales y espacio público.
De la calle al museo (sin domesticar del todo)
Una de las claves de la propuesta es que no se limita a colgar grafitis en una pared blanca: la Fundación Canal plantea la exposición como un ensayo visual sobre cómo un movimiento considerado vandalismo ha terminado institucionalizado, sin perder del todo su filo. Los textos de sala y el propio montaje insisten en esa tensión constante entre rebeldía e institucionalización: muchas de las obras expuestas nacen de contextos de protesta, desigualdad o lucha por el espacio urbano, y el visitante se encuentra con ellas ahora en un entorno controlado, lo que abre preguntas incómodas sobre quién se queda con la última palabra. Se habla de arte, pero también de gentrificación, turismo de murales y estrategias de marketing que han convertido el grafiti en un reclamo de ciudad creativa.
SUSO33 aparece como pionero de la “pintura acción” en el espacio público, con figuras espectrales y trabajos que desbordan el muro; El Xupet Negre, icono del logotipo convertido en personaje, representa la vertiente más pop y juguetona; y PichiAvo lleva el diálogo entre grafiti y escultura clásica hasta piezas de gran formato que han dado la vuelta al mundo. Su presencia recuerda que Madrid y otras ciudades españolas no solo consumen street art internacional, sino que también lo exportan.